SEAMOS PACIENTES Y CONTENTÉMONOS BAJO
LAS PRIVACIONES
1. El otro principio es que la gente
pobre debería aprender a ser paciente bajo las privaciones, para no encontrarse
atormentada por una excesiva pasión a las riquezas. Aquellos que observan esta
moderación no han hecho poco progreso en la escuela del Señor, y los que no han
avanzado de esta forma en la vida espiritual, han dado pruebas muy escasas de
su discipulado en Cristo.
2. La pasión por las cosas terrenales no
solo está acompañada de otros vicios, sino que aquel que es impaciente bajo la
privación, manifestará el vicio opuesto cuando este en medio del lujo: Esto
significa que el hombre que se avergüenza de una vestimenta sencilla, estará
orgullosa cuando luzca una costosa. La persona que no está contenta con una
comida sobria, se siente incomoda porque desea un manjar suculento, y cuando
tenga una oportunidad manifestará su temperamento irascible. Aquel que está inquieto
e insatisfecho por estar viviendo con privaciones y humildad, no será capaz de
guardarse del orgullo y la arrogancia cuando disfrute de la opulencia. Por lo
tanto, dejad que aquellos que quieren ser sinceros en su devoción, traten fervientemente
de seguir el ejemplo apostólico: “Sé vivir en escasez, y sé vivir en
abundancia; en todo y por todo he aprendido el secreto, lo mismo de estar
saciado que de tener hambre, lo mismo de tener abundancia que de padecer
necesidad” (Ver Fil. 4:12).
3. La Escritura también menciona un
tercer principio mediante el cual se limita el uso de las cosas terrenales, y
ya lo hemos mencionado al hablar de los preceptos de la auto negación. Puesto
que todas las cosas nos son dadas por la divina bondad para nuestro beneficio,
al mismo tiempo se convierten en depósitos confiados a nuestro cuidado, de los
cuales un día tendremos que dar cuentas. Debemos, entonces, manejarlas de tal
manera como si incesantemente oyésemos la siguiente advertencia: “Presenta las
cuentas de tu administración…”
4. Recordemos también quién es el que
demanda estas cuentas. Es Aquel que nos recomienda de forma tan especial
guardar la sobriedad, la frugalidad y la modestia. Es también el que aborrece
los excesos, el orgullo, la arrogancia y el exhibicionismo; es Aquel que no aprueba
el manejo que hacemos de Sus bendiciones, a menos que seamos motivados por el
amor. Es quien de Su propia boca condena todos los placeres que nos alejan de
la castidad y la pureza, y que nos convierten en seres tontos y necios. (Ver
Fil. 4:12; Luc. 16:2)
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


