martes, 13 de febrero de 2018

Libro de Oro 13 febrero






SEAMOS PACIENTES Y CONTENTÉMONOS BAJO 
LAS PRIVACIONES


1. El otro principio es que la gente pobre debería aprender a ser paciente bajo las privaciones, para no encontrarse atormentada por una excesiva pasión a las riquezas. Aquellos que observan esta moderación no han hecho poco progreso en la escuela del Señor, y los que no han avanzado de esta forma en la vida espiritual, han dado pruebas muy escasas de su discipulado en Cristo.


2. La pasión por las cosas terrenales no solo está acompañada de otros vicios, sino que aquel que es impaciente bajo la privación, manifestará el vicio opuesto cuando este en medio del lujo: Esto significa que el hombre que se avergüenza de una vestimenta sencilla, estará orgullosa cuando luzca una costosa. La persona que no está contenta con una comida sobria, se siente incomoda porque desea un manjar suculento, y cuando tenga una oportunidad manifestará su temperamento irascible. Aquel que está inquieto e insatisfecho por estar viviendo con privaciones y humildad, no será capaz de guardarse del orgullo y la arrogancia cuando disfrute de la opulencia. Por lo tanto, dejad que aquellos que quieren ser sinceros en su devoción, traten fervientemente de seguir el ejemplo apostólico: “Sé vivir en escasez, y sé vivir en abundancia; en todo y por todo he aprendido el secreto, lo mismo de estar saciado que de tener hambre, lo mismo de tener abundancia que de padecer necesidad” (Ver Fil. 4:12).


3. La Escritura también menciona un tercer principio mediante el cual se limita el uso de las cosas terrenales, y ya lo hemos mencionado al hablar de los preceptos de la auto negación. Puesto que todas las cosas nos son dadas por la divina bondad para nuestro beneficio, al mismo tiempo se convierten en depósitos confiados a nuestro cuidado, de los cuales un día tendremos que dar cuentas. Debemos, entonces, manejarlas de tal manera como si incesantemente oyésemos la siguiente advertencia: “Presenta las cuentas de tu administración…”


4. Recordemos también quién es el que demanda estas cuentas. Es Aquel que nos recomienda de forma tan especial guardar la sobriedad, la frugalidad y la modestia. Es también el que aborrece los excesos, el orgullo, la arrogancia y el exhibicionismo; es Aquel que no aprueba el manejo que hacemos de Sus bendiciones, a menos que seamos motivados por el amor. Es quien de Su propia boca condena todos los placeres que nos alejan de la castidad y la pureza, y que nos convierten en seres tontos y necios. (Ver Fil. 4:12; Luc. 16:2)



JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA VERD.")









TRADUCCIÓN