Un hombre, una
vez me dijo: “Después de dar el diez por ciento de mis ingresos a Dios, hago lo
que me place con el resto. Y espero que Dios me bendiga como lo prometió,
porque he diezmado”.
Mi experiencia
ha demostrado que si una persona es quejosa con su ofrenda, también será
quejosa con su tiempo, su energía y su obra para el Señor. Pero quiero decirte
que, si eres mezquino con Dios, él será mezquino contigo. Con eso, me refiero a
que estás alejando la bendición de Dios de tu vida, con tus acciones y tu
actitud.
Nuestra actitud
debe ser: “¿Cuánto de mí mismo puedo dar a mi Señor?" Nuestro gozo debe
estar en cuánto podemos dar, no en cuánto podemos conservar para nosotros
mismos.
Leemos en la
Palabra: “Hay
quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es
justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada” (Proverbios
11:24-25). El hecho es que mientras más fuerza y energía gastes para
Dios, más será derramado en ti.
El apóstol
Pablo experimentó cada emoción y prueba que nosotros experimentamos, pero a
través de todo ello, él tuvo una revelación de los recursos disponibles para
él. Cuando se sentía abrumado, ¡su fe se
apoderaba de todo lo que él necesitaba para llevarlo hasta la victoria! Él
obtenía los recursos de su Padre celestial y se recuperaba una y otra vez con
una nueva fe y nuevas fuerzas para seguir.
Al hacer el
compromiso de entregarte de todo corazón a la obra de Dios, te estás colocando
en una posición de ser bendecido. Si estás pensando en darte por vencido, te
animo a que permanezcas en la batalla, ya que es en el calor de la guerra que
Dios viene a ti generosamente, inundándote con sus recursos y fuerza. ¡Sólo
aquellos que están envueltos en la batalla reciben su gran provisión!
DAVID WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


