“Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro
bueno... Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo
Dios.” Lucas 18:18-19
“Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro
Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó.” Tito 3:4-5
(Leer: Génesis 48 - Mateo 27:32-66 - Salmo 22:16-21
- Prov. 9:7-9)
No olvidamos
pronto a una persona que ha sido buena con nosotros. Una sonrisa llena de
bondad, la simpatía de alguien que nos escucha con atención o nos dedica
tiempo, ¡cuánto ánimo y esperanza nos da!
Esto es
precisamente lo que los que vivían en los tiempos de Jesús encontraban en él,
pues uno de ellos lo llamó “Maestro bueno”. El hombre por naturaleza no es
bueno, sino todo lo contrario. La verdadera bondad, absoluta y permanente, es
exclusiva de Dios, y fue manifestada cuando Jesús vino a la tierra. A pesar de
la oposición creciente de aquellos a quienes había venido a salvar, “anduvo
haciendo bienes” (Hechos 10:38). Y en la cruz, mientras pasaba por sufrimientos
terribles, pidió a Dios, su Padre, que perdonase a sus verdugos (Lucas 23:34) y
se ocupó de encomendar su madre a uno de sus discípulos (Juan 19:27).
Si siente la
sequía de un mundo demasiado duro para usted, lea el evangelio y descubrirá la
bondad de Jesucristo, “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo
por mí” (Gálatas 2:20). “Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre
que confía en él” (Salmo 34:8).
En cuanto a
nosotros, cristianos, nunca dudemos de la bondad de Dios, y no olvidemos
exaltarla. Esforcémonos igualmente en parecernos más a nuestro modelo. “El
encanto de un hombre es su bondad” (Proverbios 19:22, V. M.). Que los que nos
rodean deseen conocer la bondad de Dios viendo nuestro comportamiento.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


