“¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y
se destruye o se pierde a sí mismo?” Lucas 9:25 (Lectura: Génesis 50 - Hechos 1
- Salmo 22:25-31 - Proverbios 9:13-18)
Mientras el
premio mayor de una lotería no se haya alcanzado, el valor va aumentando, y
cada vez más jugadores prueban suerte. Entonces la probabilidad de ganar va
disminuyendo para cada uno de ellos, pero todos sueñan con ganar ese dinero.
Pero la Biblia
hace una pregunta: ¿Qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo, todas las
riquezas de la tierra? Al final de nuestra vida, ricos o pobres, no podremos
llevar nada con nosotros, salvo el peso grande de nuestros pecados: una inmensa
deuda ante el Dios santo, a quien cada uno tendrá que rendir cuentas.
¡Gracias a Dios
es posible liberarse de esa deuda, de esa carga! La Biblia nos muestra a quién
debemos ir para hallar el precio de ese rescate. El precio es la sangre
preciosa de Cristo derramada en la cruz. Fue
su vida dada en rescate por todo el que quiere ser perdonado de sus pecados.
No hay que pagar nada, todos podemos disfrutar de esa salvación gratuita; no
hay incertidumbre alguna, pues Jesucristo mismo lo asegura: “Al que a mí viene,
no le echo fuera” (Juan 6:37).
Tenemos que
recibir el regalo de su vida como un regalo perfecto, sin contrapartida.
“Fuisteis rescatados... no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con
la sangre preciosa de Cristo” (1ª Pedro 1:18-19). Solo debemos cumplir una condición:
reconocer nuestra deuda, nuestra total incapacidad para pagar, y aceptar que
Cristo pagó todo por nosotros. Pero hay que hacerlo ahora. ¡Mañana quizá sea
demasiado tarde!
“Haceos bolsas
que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no
llega, ni polilla destruye” (Lucas 12:33).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


