¡Las palabras
que hablas reflejan lo que está en tu corazón! “Porque de la abundancia del
corazón habla la boca” (Mateo 12:34).
Cuando niño,
cada vez que yo decía algo indebido, mi madre me lavaba la boca con jabón. Pero
no era mi boca la que necesitaba limpieza, era mi corazón. Como ves, tu lengua
habla sólo lo que está en tu corazón. Jesús dijo que el hablar ligero,
descuidado y maligno sólo puede provenir de un corazón malo e impuro.
Como creyentes,
todavía no hemos tomado en serio lo que nuestro Señor ha dicho sobre domar
nuestras lenguas. Para él, éste es un asunto del corazón: una cuestión de vida
o muerte. Tu lengua descuidada no sólo descarta toda tu supuesta espiritualidad,
sino que también te hace enfrentar el hecho indiscutible de que tu corazón está
sucio, contaminado.
Si te
involucras en chismes, comentarios descorteses, críticas, mentiras, lenguaje
sucio, arrebatos de ira, puedes estar seguro de que algo en tu corazón no ha
sido tratado por el Espíritu Santo. Jesús hace una seria reflexión sobre este
tema cuando dice: “Si eres descuidado con tu lengua, peleando, quejándote,
murmurando, chismeando; tienes un serio problema de corazón y es muy profundo”.
“El hombre bueno,
del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro
saca malas cosas” (Mateo 12:35).
Ningún ministro
o cristiano está exento de esta advertencia del Señor. Jesús dice que
escudriñes tu corazón y descubras por qué todavía hablas con ligereza. No seas
casual respecto a las palabras que hablas. Cuando el Espíritu Santo te traiga
convicción por algo que has dicho, te insto a que te arrepientas y luego le
permitas convertir tus palabras negativas en bendiciones. La maldición y la
bendición no pueden proceder de la misma boca (ver Santiago 3:10).
¡El secreto
para obtener la victoria de tu lengua es conocerlo! Acércate a su presencia y
deja que él revele lo que hay en tu corazón.
DAVID WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


