“Y, una vez libertados del pecado, han sido hechos
siervos de la justicia.” Romanos 6:18 (Leer: Romanos 6:15-23)
Hace ya algunos
años, el medio electrónico BBC Mundo publicó una lista de las mejores cárceles
del mundo. El estudio consideraba aspectos como la capacidad de las celdas, la
sobrepoblación, el acceso a servicios, entretenimiento, calidad de la comida, y
los derechos de visita.
A pesar que en
el exterior todas las cárceles se ven mal, desde el interior algunas tienen
mejores condiciones que otras, tales como: un ambiente libre de humo, educación
continua, y una buena biblioteca. La cárcel que obtuvo el primer lugar fue la
isla-cárcel de Bastoey en Noruega. Para citar algunas de sus facilidades:
parece un pueblo rodeado de granjas, se puede practicar el esquí, cocinan,
juegan al tenis y a las cartas; tienen su propia playa e incluso son los
reclusos quienes administran el ferry que conecta a la isla. Además, en la
tarde cuando la mayoría de los empleados de la cárcel se van a casa, sólo un
puñado de guardias se queda para cuidar a 115 prisioneros.
Eso me hizo
pensar acerca de nuestra relación con Cristo, ya que “desde el exterior” puede
verse como una forma de privación de libertad a una persona. Para un no
creyente, la obediencia a la fe parece limitante; sin embargo, desde el
interior, en realidad la obediencia a Dios abre la puerta a un nuevo mundo de
libertades.
Pablo estaba
familiarizado con el interior de una celda. También sabía que tenemos un problema
con el pecado y que no es un asunto del lugar donde nos encontremos sino del
corazón. Pablo sabía que la esclavitud del pecado la cual deshonra a Dios,
provoca un hambre cada vez mayor. La
servidumbre a Dios por el contrario, viene con un deseo cada vez mayor de hacer
el bien, amar y ser agradecidos por las libertades que no traen ningún
remordimiento.
1. En un tiempo fuimos prisioneros de
nuestro pecado, controlados por los malos caminos; pero entonces el Salvador
nos hizo libres para servirle todos los días a Él y a nuestro prójimo.
2. La obediencia a Dios es la verdadera
clave para experimentar la libertad que nos lleva a ser siervos de Cristo.
MD/HG -
(DEVOCIONAL DIARIO “MI DEVOCIONAL”)


