(Leer: Génesis 31; Marcos 2; Ester 7; Romanos 2)
Amán es
ahorcado (Ester
7). Los detalles de cómo se alcanza este punto en la narración dan
testimonio simultáneamente de la mano providencial de Dios y las habilidades
narrativas del autor de este pequeño libro. El segundo banquete de Ester deja a
Amán completamente expuesto y sin defensa. Pocos minutos después, cae sobre el
diván de la reina, implorando misericordia, pero el airado rey Jerjes lo
interpreta como un intento de violación de la misma. Además, la horca de
veinticinco metros de altura preparada para Mardoqueo, aquel al que Amán se vio
obligado a honrar, pasa a ser ahora el lugar de su propia ejecución. El hombre
que quería cometer genocidio es ajusticiado.
A posteriori,
qué fácil fue la operación. A pesar de las lágrimas desesperadas de Mardoqueo,
de la incertidumbre de Ester y su llamamiento a realizar tres días de ayuno y
oración, desde esta perspectiva ventajosa el resultado parece casi inevitable.
Sin embargo, observemos:
En primer
lugar, en la mayoría de los conflictos en que nos vemos inmersos, en particular
los relativos al Evangelio y a la vida y la salud del pueblo de Dios, no
sabemos el resultado de los mismos cuando entramos denodadamente en la
refriega. Ese conocimiento sólo está reservado para Dios. Sin embargo, la fe
cristiana nunca debe confundirse con el fatalismo; la intervención de Mardoqueo
y Ester exigía examen de conciencia, fe, oración y obediencia.
Retrospectivamente, incluso su presencia en la corte y sus alrededores estaba
preparada por Dios, y ciertamente las consecuencias fueron obra de Dios; sin
embargo, nuestra confianza en la victoria final de Dios no debe diluir nuestra
propia implicación apasionada, la intercesión y la inserción en los asuntos
tocantes al pueblo del pacto de Dios.
En segundo
lugar, esta victoria puntual no significa que todos los problemas de los judíos
han terminado. Un escrutinio rápido del resto de Ester muestra hasta dónde iban
a llegar. Esta situación es absolutamente realista. En ocasiones, disfrutamos
de momentos decisivos, pero incluso estos se vuelven simples pasos de un
esfuerzo más complicado. Pablo dirige su concluyente discurso a los ancianos
efesios (Hechos 20), pero es lo suficientemente realista para reconocer los peligros
continuos que esperan a esa iglesia (Hechos 20:29–31). Acabamos de ver cómo,
bajo las órdenes de Nehemías, se pudo construir el muro de Jerusalén y su
terminación se consideró un éxito. También, cómo se produjo un avivamiento con
Esdras cuando se instituyeron de nuevo las antiguas fiestas del pacto. Sin
embargo, inmediatamente surgieron nuevos desafíos, peligros, situaciones
comprometidas y decisiones difíciles que tomar.
Siempre es así.
Satanás no se va de vacaciones. En el momento en que nos encontramos
satisfechos en este mundo caído, vuelve el peligro, sobre todo el de la
satisfacción desmesurada. Debemos prepararnos para el conflicto sin ser
polémicos; equiparnos para la “buena batalla” (2ª Timoteo 4:7), pues esta
durará toda la vida.
DONALD CARSON A. - (DEVOCIONAL "POR AMOR A
DIOS II")


