LA CRUZ NOS ENSEÑA OBEDIENCIA
1. El Señor tiene aún otra razón para
afligir a Sus hijos y es la de probar su paciencia y enseñarles obediencia.
Ciertamente, los cristianos no pueden mostrar a Dios otra obediencia que la
recibida de sus manos; pero Él se complace de esta manera en probar y exhibir
las gracias que les ha conferido a sus santos, pues de otro modo permanecerían
ocultas y serian inútiles. Cuando los siervos de Dios manifiestan abiertamente
sus dones de fortaleza y firmeza en medio de sus sufrimientos, la Escritura les
confirma que Dios les está probando en su paciencia. Veamos lo que dice Génesis
22: 1. “Y aconteció después de estas cosas, que Dios puso aprueba a Abraham”.
El patriarca probó que su devoción era auténtica porque no rehusó sacrificar a
su hijo Isaac. Por este motivo Pedro declara que nuestra fe es probada por
medio de las tribulaciones, así como se prueba el oro en el fuego.
2. ¿Quién puede negar la necesidad de que
este precioso don de la paciencia, que el creyente ha recibido de Dios, sea
desarrollado en la práctica de manera que el Señor pueda ver a los creyentes en
el ejercicio del mismo? Además, si no fuera así, nunca llegaríamos a apreciarlo
como es debido. Dios mismo actúa a tiempo para que estas virtudes no lleguen a
ser oscuras e inútiles, ofreciéndonos una ocasión para ponerlas en práctica.
Ésta es, sin duda, una de las mejores razones para probar a los santos, pues
por medio de la aflicción aprenden a ejecutar la paciencia.
3. Los cristianos también son instruidos
por medio de la cruz para la obediencia, porque de esta manera aprenden a
seguir los deseos de Dios y no los de su propio deseo. Si todo fuera conforme a
sus deseos, no entenderían lo que en verdad significa seguir a Dios. Séneca
dijo que había una antigua costumbre por la cual se exhortaba a la gente a
sobrellevar la adversidad recordando estas palabras: “Seguid a Dios”. Esto
implica que el hombre se somete al yugo de Dios sólo cuando voluntariamente
acepta la disciplina con la humildad de un niño. Por lo tanto, si es razonable
que nos mostremos obedientes a nuestro Padre celestial en todas las cosas, no
podemos negarle el derecho de usar el medio que Él escoja para acostumbrar a Sus
hijos a practicar esta obediencia. (Ver Gén. 22:1-2; y 2ª Ped. 1:7)
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


