lunes, 15 de enero de 2018

¿Eres tú una nueva criatura? 15 enero



                                                                 
            
Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2ª Corintios 5:14-17


Este pasaje describe un acontecimiento sumamente importante para todos los cristianos. En primer lugar habla del “amor de Cristo”, quien “murió por todos.” Ese amor manifestado en el plan de Dios para salvar a la humanidad de la terrible condenación producto del pecado, tuvo su centro en la muerte de Jesucristo en la cruz del Calvario. Así dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” La magnitud de esta acción producto de ese maravilloso amor sólo puede entenderse cuando dejamos de pensar “según la carne”, y llegamos a conocer al Señor en el espíritu. Cuando una persona alcanza esta etapa en su vida, podemos afirmar, como dice el pasaje de hoy, que “nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Cuando de todo corazón creemos y aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, espiritualmente se lleva a cabo un cambio en nosotros. En ese momento somos "sellados con el Espíritu Santo de la promesa", dice Efesios 1:13. Podemos decir que ahora estamos “en Cristo”. Sin embargo muchas veces nos encontramos enfrentando las mismas tentaciones y los mismos deseos, y cometiendo muchos de los mismos errores que cometíamos antes. Pero, ¿cómo es posible que actuemos como si fuéramos los mismos de antes si ahora somos “nuevas criaturas”? El problema es que nuestra naturaleza carnal quiere continuar en control de nuestras acciones. Pero ahora el Espíritu Santo nos redarguye cuando pecamos, y nos sentimos mal, y venimos arrepentidos delante del Señor pidiendo perdón. Esta es la gran diferencia. Ahora somos sensibles a la voz del Espíritu y de esta manera se va llevando a cabo en nosotros el proceso de santificación que tiene como fin hacernos conformes a la imagen de Jesucristo.

Es, sin duda, una lucha constante entre nuestro deseo de agradar al Señor y los deseos de “la carne”. Pero ahora no estamos solos, sino que contamos con la ayuda del Dios todopoderoso quien nos ha adoptado como sus hijos, dice Gálatas 4:4. No es una batalla fácil, pero la victoria está asegurada, pues todo aquel que ha creído en el Hijo de Dios “tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”, declara Juan 5:24. Es, por lo tanto, un proceso irreversible que quedó establecido cuando Jesús resucitó de los muertos y fue sellado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

El apóstol Pablo experimentó esta batalla entre su nueva naturaleza y sus viejos hábitos. En Romanos 7:15 él exclama: “Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco eso hago.” Más adelante en este mismo capítulo Pablo expresa su malestar consigo mismo diciendo: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Pero finalmente declara su agradecimiento por el inmerecido regalo de su salvación: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” He aquí manifiesta la infinita gracia de nuestro Señor a través de su muerte en la cruz.

Nuestra parte en este proceso es buscar cada día el rostro del Señor, escudriñar su Palabra, tener períodos de oración en los cuales traigamos delante de Dios nuestras cargas y nuestras luchas, y confesemos ante él los pecados en los que hemos caído pidiéndole perdón de todo corazón. De esta manera el Espíritu Santo hace su obra de restauración, y la vida de Cristo se va reflejando en nuestro testimonio delante de los que están a nuestro alrededor, para la honra y la gloria de Dios. Y todos se darán cuenta que verdaderamente somos “nuevas criaturas” en Cristo Jesús Señor nuestro.


ORACIÓN: Amado Padre celestial, gracias por la obra que tu Espíritu Santo está haciendo en mi vida. Ayúdame a ser obediente y moldeable a tus planes para mi vida, de manera que yo llegue a ser una nueva criatura conforme a la imagen de tu Hijo. En el nombre de Jesús, Amén.



ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")









TRADUCCIÓN