“Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de
nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: “Rabí, ¿quién pecó, este o sus
padres, para que haya nacido ciego?”. Respondió Jesús: “No es que pecó este, ni
sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” Juan 9:1-3
(Lea: Juan 9:1-39)
Es evidente que
a los discípulos les habían enseñado que el pecado, el dolor, las lesiones y
los impedimentos físicos están todos ellos unidos y que el sufrimiento es el
resultado del pecado humano. Fíjese usted que Jesús no negó esto. Nos será de
ayuda que nos fijemos desde el principio mismo que reconoció que existe
semejante relación. Sin embargo, no es así como lo que muchos creen; eso es
algo que Él deja perfectamente claro.
Lo que esto
indica es que no estamos viviendo en un mundo en el cual podemos esperar
siempre la perfección, que Dios no intenta hacer que el mundo funcione de tal
manera que todo salga maravillosamente bien. Estamos viviendo en un mundo
caído. Las Escrituras declaran que estamos viviendo en un mundo imperfecto, en
un mundo fragmentado, en un mundo que no es lo que fue en una ocasión y no es
lo que será en el futuro, mientras que
en el presente nos vemos afligidos por sufrimientos, lesiones, dificultades y
penalidades.
Las Escrituras
confirman que todo el mundo se ve afectado por la maldad humana. Muchos de
nosotros creemos que hemos escapado a ella porque no nacimos con incapacidades
evidentes, pero de hecho todos tenemos incapacidades. La humanidad refleja por
todas partes la debilidad de la caída. Es por ello que nuestras mentes no
pueden funcionar como debieran. Hace poco intenté citar un poema, pero no me
vino a la mente la primera línea; sencillamente me eludió. Esto es un ejemplo
de cómo el pecado, la corrupción de la caída, me ha atacado, incluso de maneras
tan sencillas como esta.
Pero Jesús deja
perfectamente claro que el sufrimiento no está siempre directamente relacionado
con el pecado personal. En ocasiones es así, pero en el caso de este hombre
esto no es cierto. Muchas personas creen que resulta muy extraño que ni
siquiera los discípulos pudieran pensar que así fuese, puesto que el hombre
había nacido ciego. ¿Cómo podía esta ceguera haber sido causada por su pecado cuando
nació con ella antes de ni siquiera haber tenido oportunidad de pecar?
Es posible que
los discípulos estuviesen pensando en la enseñanza judía rabínica, según la
cual es posible que un embrión tenga pecado. Es posible que esta fuese la idea
tras la pregunta de ellos. Pero Jesús declara: “No, no es eso ni es por causa
de pecado cometido por los padres”. Entonces, ¿por qué nació ciego? “Para que
las obras de Dios puedan ser manifiestas en él”, es la contestación de Jesús.
Esto ofrece un motivo positivo por el que se ha producido esta aflicción. Es
una oportunidad; no un desastre, sino una oportunidad para que se pongan
ciertas cosas de manifiesto en la vida de esta persona y en las vidas de las
personas que tuviesen contacto con esta persona, cosas que de lo contrario
nunca habrían sucedido. Las personas con lesiones o discapacidades con
frecuencia desarrollan cualidades interiores como la paz, el gozo y fortaleza
que personas “normales” no tienen. Con frecuencia muestran una tremenda
fortaleza de espíritu que les permite enfrentarse con desafíos y soportar
dificultades que otras personas no pueden soportar. Fanny Crosby, esa querida
santa del siglo pasado, que había sido ciega desde su primera infancia como
resultado de un accidente, escribió esta pequeña rima cuando no tenía más que
ocho años de edad:
Oh, qué niña
tan feliz soy yo, aunque no puedo ver.
Me he propuesto
que en este mundo satisfecha me sentiré.
¡Cuántas
bendiciones tengo que otras personas no disfrutan!
Llorar y
suspirar porque soy ciega, no puedo y no lo haré!
ORACIÓN. Señor, ayúdame a venir, como lo hizo
este hombre, y adorar a Tus pies, a reconocer que Tú has venido al mundo para
darme luz en las tinieblas, para guiarme por los senderos desconcertantes y
llevarme a un lugar de limpieza y de ojos abiertos.
APLICACIÓN PARA LA VIDA. ¿Nos mostramos
nosotros resentidos por causa de nuestros impedimentos y discapacidades
físicas, o estamos aprendiendo la libertad y el gozo de considerarlas como
oportunidades para que Dios se valga de ellas y de nosotros para Sus propósitos
buenos y perfectos?
RAY STEADMAN - (DEV. "EL PODER DE SU
PRESENCIA")


