"… No ceses de
clamar por nosotros al Señor nuestro Dios, para que nos guarde…" 1 Samuel 7:8 (1
Samuel 7:7-14)
Un día, cuando estaba profundamente preocupada por un ser
querido, encontré ánimo en una parte de la historia de Samuel, un sabio líder
de los israelitas. Leer sobre su intercesión por el pueblo de Dios al enfrentar
un problema intensificó mi decisión de orar por esa persona a quien yo amaba.
Los israelitas enfrentaban la amenaza de los filisteos,
quienes los habían derrotado anteriormente cuando el pueblo de Dios dejó de
confiar en Él (Ver 1 Samuel 4).
Después de arrepentirse de sus pecados, se enteraron de
que los filisteos iban a atacarlos.
Sin embargo, esta vez, le pidieron a Samuel que
continuara orando por ellos (7:8), y el Señor respondió claramente creando
confusión entre sus enemigos (v. 10). Aunque
los filisteos eran más poderosos que los israelitas, el Señor era más poderoso
que todos ellos.
Cuando sufrimos por los desafíos que enfrentan aquellos a
quienes amamos y tememos que la situación no cambie, tal vez nos veamos
tentados a creer que el Señor no va a actuar. Pero nunca deberíamos subestimar
el poder de la oración, ya que nuestro Dios amoroso escucha nuestras plegarias.
No sabemos cómo obrará en respuesta a nuestras peticiones, pero sí sabemos que
nuestro Padre anhela que nos aferremos a su amor y confiemos en su fidelidad.
Padre, me asombra cómo escuchas y respondes mis
oraciones.
Dios nos oye cuando oramos.
(La Biblia en
un año: Génesis 39–40 — Mateo 11:1-30)
AMY BOUCHER PYE
- (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


