“E irá delante
de él con el espíritu y el poder […] para preparar al Señor un pueblo bien
dispuesto.” Lucas 1:17 (Leer: Lucas 1:11-17)
Al final del Antiguo Testamento, Dios parece estar
escondido. Durante cuatro siglos, los judíos esperan y se preguntan qué sucede.
Dios parece inactivo, desinteresado y sordo ante las oraciones. Resta solo una
esperanza: la antigua promesa de un Mesías. Entonces, ocurre algo maravilloso:
se anuncia el nacimiento de un bebé.
La lectura sobre las reacciones de las personas en el
Evangelio de Lucas permite captar el entusiasmo. Los acontecimientos que rodean
el nacimiento de Jesús se parecen a un musical lleno de gozo. Los personajes
inundan la escena: un tío abuelo con cabello canoso (1:5-25), una virgen
asombrada (1:26-38), la anciana profetisa Ana (2:36). La propia María estalla
en un hermoso cántico (1:46-55). Incluso el primo aún no nacido de Jesús salta
de gozo en el vientre de su madre (1:41).
Lucas se ocupa
detenidamente de presentar conexiones directas con las promesas del Antiguo
Testamento sobre la venida de
un Mesías. El ángel Gabriel incluso llama a Juan el Bautista un «Elías» enviado
para preparar el camino para el Señor (1:17). Sin duda, algo se está gestando
en el planeta Tierra. Entre los aldeanos atemorizados y derrotados en un rincón
del Imperio romano, algo bueno está por suceder.
Jesús, gracias por ser nuestro regalo de salvación.
«… un establo tuvo una vez algo dentro que era más grande
que todo el mundo». C. S. Lewis (La última batalla)
(La Biblia en un
año: Miqueas 1–3 — Apocalipsis 11:1-19)
PHILIP YANCEY -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


