“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos
con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré.” Hebreos 13:5
Si estás
contento con lo que Dios te ha dado, no serás una persona codiciosa o un amante
del dinero.
Una vez vino un
hombre a mi oficina en la iglesia y confesó el pecado de gula. Cuando le dije
que no se veía con sobrepeso me dijo: “lo sé, no es que coma mucho, sino que
quiero, continuamente se me antojan los alimentos, es una obsesión”
La avaricia es
muy similar a la actitud voraz de ese hombre. No tienes que adquirir muchas
cosas o incluso nada en absoluto para ser codicioso. Si deseas adquirir cosas y
estás enfocando toda tu atención en cómo puedes conseguirlas, eres culpable de
avaricia.
No está mal
ganar o poseer riqueza. En el Antiguo Testamento, Abraham y Job tuvieron
tremenda riqueza. Muchos fieles en el Nuevo Testamento también eran ricos. El problema viene cuando tenemos una
actitud codiciosa que ansía el dinero por encima de todo. Pablo nos
advierte: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual
codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos
dolores” (1ª Tim 6:10). El amar al dinero es quizá la forma más común de
avaricia, es similar a codiciar las riquezas materiales en diversas formas.
No importa cómo
parezca, este tipo de avaricia produce el mismo resultado espiritual: desagrada
a Dios y nos aleja de Él. Más ingresos, una casa más grande, mejor ropa, un
coche más elegante nos pueden tentar a todos.
Pero el Señor
quiere que seas libre del materialismo que controla tan fácilmente a tus
vecinos inconversos. Tus posesiones terrenales son solamente temporales de
todos modos. Todos los perderás un día muy pronto. Así que Dios nos dice a ti y
a mí que “estemos contentos con lo que tenemos ahora” (Heb 13:5) dándonos
cuenta de que tenemos “una mejor y perdurable herencia en los cielos” (10:34).
JOHN MACARTHUR - (DEV. "VIDA NUEVA PARA EL MUNDO”)


