“Sus mejillas,
como una era de especias aromáticas, como fragantes flores” Cantares 5:13
¡He aquí, el mes de las flores ha llegado! Los vientos de septiembre y las
lluvias de octubre han pasado y toda la tierra se ha ataviado de belleza. Ven,
alma mía, ponte tus vestidos de fiesta y sal a recoger guirnaldas de
pensamientos celestiales. Tú sabes adonde ir, pues para ti “las eras de
especias” son bien conocidas; además, has percibido tan frecuentemente el perfume
de “las fragantes flores”, que irás enseguida a tu bien amado y hallarás en él
encanto y gozo. Aquellas mejillas, una vez tan rudamente heridas con una vara,
tan frecuentemente regadas con lágrimas de compasión y manchadas con saliva,
-aquellas mejillas, digo-, son a mi corazón, mientras sonríen, como fragante
aroma. ¡Oh Señor Jesús!, tú no
escondiste tu rostro de la vergüenza y del desprecio, por lo tanto mi mayor
placer será alabarte. Aquellas mejillas fueron surcadas con el arado del
dolor y enrojecidas con rojas líneas de sangre que bajaban de sus sienes
coronadas de espinas.
Estas señales de inmenso amor atraen a mi alma mucho más
que “los pilares de perfume”. Si no pudiese ver todo su rostro, me agradaría
ver sus mejillas, pues el más insignificante vislumbre de Cristo vivifica mi
espíritu y le trae diversidad de deleites. En Jesús no sólo hallo fragancia,
sino “eras de especias”; no sólo una flor, sino toda clase de “fragantes
flores”. El es mi rosa, mi lirio, mi pensamiento y mi racimo de copher. Cuando
él está conmigo todo el año es primavera, y mi alma sale a lavarse el rostro
con el rocío matutino de su gracia, y a solazarse con el canto de los pájaros
de sus promesas. ¡Precioso Señor Jesús permíteme, en verdad, conocer la
felicidad que hay en una permanente comunión contigo! Yo soy un pobre indigno,
cuyas mejillas tú te has dignado besar. Permite, en retribución, que te bese
con los besos de mis labios.
CHARLES
SPURGEON - (Dev. “LECTURAS MATUTINAS”)


