“… Dios […] nos
hizo renacer para […] una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible…” 1ª Pedro 1:3-4 (Leer: 1ª Pedro 1:3-9)
Cuando le pregunté a una amiga que está a punto de
jubilarse qué le asustaba más respecto a la próxima etapa de su vida, dijo:
«Quiero asegurarme de que no se me acabará el dinero». Al día siguiente, mi
consultor financiero me aconsejó sobre cómo evitar quedarme sin dinero. Sin
duda, todos queremos estar seguros de que tendremos los recursos necesarios
para el resto de nuestra vida.
Ningún plan financiero puede garantizarnos seguridad
absoluta en este mundo. Pero hay un plan que va más allá de esta vida, a un
futuro interminable. El apóstol Pedro lo describe así: «Dios […] según su
grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la
resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible,
incontaminada e inmarcesible» (1ª Pedro 1:3-4).
Cuando ponemos
nuestra fe en Cristo para que perdone nuestros pecados, recibimos una herencia
eterna mediante el poder de Dios.
Gracias a esta herencia, viviremos para siempre y nunca nos faltará nada.
Si podemos, es una buena idea hacer planes para
jubilarnos. Pero lo más importante es tener una herencia eterna que nunca se
agota… y que solo está disponible por medio de la fe en Cristo Jesús.
Querido Dios, quiero asegurarme la herencia eterna: pongo
mi fe en Cristo para que perdone mis pecados. Amén.
La promesa del cielo es nuestra eternal esperanza.
(La Biblia en
un año: Tito 1:1-16)
DAVE BRANON - (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


