“He disipado tus transgresiones como el rocío, y
tus pecados como la bruma de la mañana. Vuelve a mí, que te he redimido.” Isaías 44:22
Si decido no
arriesgarme, si voy por la ruta segura y determino no promover la salvación por
gracia ni un estilo de vida de gracia ¿cuáles son las alternativas? Ayer
compartí dos puntos y hoy dos más.
No puedo dejar
cabida a ninguna área gris. Todo es ya sea blanco o negro, bien o mal. Y como
resultado, el líder mantiene un control estricto sobre los seguidores. La
comunión se basa en si hay un acuerdo completo. Aquí se encuentra la tragedia.
Este estándar rígido de auto-justificación se vuelve más importante que las
relaciones con los individuos. Primero checamos dónde se encuentra la gente en
cuanto a diferentes asuntos y luego determinamos si pasamos tiempo con ellos o
no. Al final de cuentas queremos estar bien (como nosotros lo vemos, desde
luego), más de lo que queremos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
En ese momento, nuestras preferencias personales eclipsan cualquier evidencia
de amor.
Puedo cultivar
una actitud juiciosa hacia aquellos que quizá no estén de acuerdo o no cooperen
con mi plan. Los asesinos de la gracia son conocidos por una actitud juiciosa.
Quizá es la característica más decepcionante en cuanto al carácter de Cristo en
los círculos evangélicos hoy en día.
Un rápido
vistazo por el túnel del tiempo resultará beneficioso: Jesús se encontró frente
a la confianza del legalismo: los fariseos. Al escucharlo muchos de ellos
creyeron en Él. Él había estado presentando Su mensaje a las multitudes, era un
mensaje de esperanza, perdón, libertad.
Mientras aún
hablaba, muchos creyeron en él. Jesús se
dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: -Si se
mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán
la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:30-32 NVI)
Él habló del
poder liberador de la verdad. Aunque los asesinos oficiales de la gracia
rechazaron Su mensaje, Él les aseguró que les haría libres. Todos los que
abrazan la gracia se vuelven verdaderamente libres.
¿Libres de qué?
Libres de sí mismos, libres de la culpa y la vergüenza, libres de impulsos
detestables que no podían parar cuando estaban bajo la esclavitud del pecado.
Libres de opiniones, expectativas y demandas de otros tiranos. ¿Y libres para
qué? Libres para obedecer, libres para amar, libres para perdonar a otros al
igual que a nosotros mismos. Libres de permitirles a otros ser quienes son
(diferentes a nosotros), libres para vivir más allá de las limitantes del
esfuerzo humano. Libres para servir y glorificar a Cristo. En términos seguros,
Jesucristo aseguró a los Suyos de que Su verdad era capaz de liberarlos de toda
restricción innecesaria: Así que, si el Hijo os libertare, seréis
verdaderamente libres (Juan 8:36) Amo eso. Las posibilidades son ilimitadas.
CHARLES SWINDOLL - (DEV. "VIDA NUEVA PARA EL MUNDO”)


