“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de
muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” Rom 7:24-25
Los cristianos han sido
librados del poder de pecado y serán liberados un día de su presencia.
El piadoso escritor
puritano Thomas Watson dijo una vez que una señal segura de santificación es el
odio y aborrecimiento al pecado. Fue su odio al pecado que le causó a Pablo
clamar al término de su autobiografía "¡miserable de mí! ¿Quién me librará
de este cuerpo de muerte?" Ese clamor expresa la angustia y frustración
que el apóstol experimentó en su batalla espiritual. David expresó esa misma
frustración en el Salmo 13:1-2 "¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para
siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré
consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día?"
Cuando exclamó
"¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" Pablo se refería a su
cuerpo físico que era sujeto al pecado y a la muerte. Es ahí donde se une la
batalla con el pecado. El verbo
traducido "librará" fue usado para hablar de un soldado que rescata a
un camarada herido en medio de la batalla. Pablo anhelaba ser rescatado de
su carne no redimida pecaminosa.
Pero la historia no
termina ahí, con Pablo frustrado y en angustia. Seguro de su triunfo eventual
sobre el pecado, el apóstol dice "Gracias doy a Dios por Jesucristo
nuestro Señor" y como prosigue a explicar en Romanos 8:18-19, 22-23 (y en
1ª Cor 15:53, 57), los creyentes un día recibirán sus cuerpos glorificados y
estarán en la presencia de Cristo, para no luchar nunca más con el pecado.
Pablo dice sobre esta verdad gloriosa en Filipenses 3:20-21 "Mas nuestra
ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor
Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que
sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede
también sujetar a sí mismo todas las cosas."
¡Qué esperanza
triunfante tenemos!
JOHN MACARTHUR - (Dev. "VIDA NUEVA PARA EL MUNDO”)


