“Es tu compañera, la esposa de tu pacto.” Malaquías 2:14
A medida que la
cultura circundante se vuelve más permisiva, la idea de la fidelidad en el
matrimonio se ve desafiada. La industria del espectáculo promueve el concepto
de que la infidelidad es un juego maravilloso para dos, pero no te cuentan el
lado negativo. Cuando las cosas se aplacan se pueden apreciar el dolor y la
desilusión. Y no solo para las dos personas implicadas sino también para los
seres queridos y para los que dependen de ellos y los tienen como ejemplo. Es
hora de hablar claro del pacto matrimonial. Después del apasionante cortejo y
del enfriamiento de la pasión, vuelves a cocinar, a limpiar y a ganarte la
vida. Es cierto que el césped del jardín del vecino siempre parece ser más
verde que el nuestro, pero también hay que cortarlo.
Cuando sales con alguien, solo ves sus mejores
cualidades, pero cuando te casas, tienes que vivir con sus defectos, flaquezas
y molestias, igual que con el anterior marido o mujer. ¿Y qué pasa?
La vida de casado te pone límites. ¿Qué haces entonces cuando comienzas a
sentirte atrapado? Vas como una mariposa, “de flor en flor”, de una persona a
otra, en busca de algo indescriptible que nunca pareces encontrar. ¿Cuál es el
remedio? En lugar de buscar a la pareja ideal, procura madurar y convertirte en
esa pareja ideal. Muchas veces, las características que buscas en un nuevo
compañero sentimental se hayan sin descubrir y sin ser apreciadas dentro de tu
cónyuge. Esas características son como semillas que si las riegas, nutres y
proteges, crecerán hasta convertirse en algo bello de lo que puedas disfrutar.
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA
PARA HOY")


