“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el
Verbo era Dios” (Juan 1:1). La principal audiencia de Juan para su evangelio era la
cultura griega. Es por eso que de inmediato identificó a Jesús como “el Verbo”,
en referencia al término griego logos.
Los griegos habían estado examinando el concepto logos desde hace siglos, una idea que expresaba sabiduría,
conocimiento, razón, el significado de la vida y la filosofía de la existencia
humana.
Ahora Juan los desafiaba:
“¿De verdad quieren saber cuál es el significado de la vida, para entender todo
propósito humano en esta tierra? El logos
que ustedes buscan se encuentra en la Palabra literal de Dios -Su Hijo: Jesús-.
¡Cristo es el logos del cual todo el mundo tiene hambre! Ustedes buscan el
conocimiento, pero logos -la vida y la sabiduría real y capaz de ser conocida-
se expresan plenamente en Jesús”.
Cuando yo tenía unos
doce años escuché a una periodista entrevistando a un residente de Teen
Challenge [Desafío Juvenil]. Ella le preguntó: “¿Qué es lo diferente en este
programa? ¿Qué te ofrece que no encontrarías en un centro de tratamiento
secular?”. El joven le respondió: “Recibimos el Espíritu Santo por la mañana, a
Jesús en la tarde, y al Padre en la noche”. Esa respuesta hoy en día puede
sonar trillada, pero no fue así hace cuarenta años. Recuerdo el entusiasmo del
joven mientras le decía a la reportera: “Teen Challenge es todo acerca de Dios,
Sólo Él pudo liberarme de esta manera. Sólo Él pudo darme propósito y esperanza
y hacerme feliz. ¡Señora, esto es real!”
Esa es la misma palabra que Juan usa para describir a Jesús
a los griegos: real. “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a
este mundo” (Juan 1:9). Del griego, Juan usa la palabra “alethinos”, que
significa “real”. Los griegos pensaban que “logos” era imposible de conocer,
pero Juan les dijo: “Dios no se está escondiendo. Él vino a la tierra para
vivir entre nosotros. ¡El misterio de Dios se ha revelado en Jesús!”
¿Cómo se revela exactamente
este misterio? Jesús elige a darse a conocer al mundo a través de Su pueblo.
Cuando Juan dice que Cristo viene a morar en nosotros, el verbo que usa
significa “tabernáculo”. Jesús “hace su tabernáculo” en nosotros, tal como Dios
lo hizo en el Antiguo Testamento: Su gloria descendiendo del cielo para habitar
en medio de Su pueblo. Él decide hacer Su hogar en nosotros, haciéndonos -tanto
a individuos como a congregaciones- la morada de Su gloria.
Esta fue una verdad
central para mi padre, David Wilkerson, quien a menudo decía: “Yo no quiero una
visitación de Dios. Quiero que habite en nosotros”. Esa verdad vino
directamente de Juan, quien dijo a los griegos: “El logos es más que información, más que asentimiento mental a una
idea. ¡Es Dios mismo viniendo a habitar dentro de nosotros!
GARY WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


