Muchos cristianos hoy
imaginan sus vidas como las balanzas de la justicia. En un lado, están todas
sus obras piadosas y en el otro, está un montón de pecados y fracasos que va en
aumento. Si piensan que sus vidas se inclinan demasiado hacia el fracaso, se
sienten obligados a orar más, a estudiar su Biblia más e ir más seguido a la
iglesia. Sin embargo, nuestras buenas obras “extra”, por muchas que sean, jamás
podrán contrarrestar siquiera al peso de la justicia propia que las originó.
Hace poco vi un
videoclip de una escena en una ventana de un autoservicio de comida rápida.
Cuando el conductor terminó de dar su orden, la voz del parlante le preguntó:
"¿algo más?" Sintiéndose culpable, el conductor agregó papas fritas a
su pedido. Una vez más la voz volvió a preguntar: "¿algo más?"
Desconcertado, el conductor agregó un postre. Y otra vez, la voz preguntó:
"¿algo más?” Finalmente, el conductor gritó: "¡No, no, no! No 'algo
más'". Esa es una imagen de nosotros tratando de obtener la justicia de
Dios.
Cuanto más esfuerzo
personal pongamos, más nos acercaremos al momento en que finalmente estemos
obligados a gritar: "¡No más 'algo más' para mí". Esto explica el porqué tantos cristianos se
sienten exhaustos ante la sola idea de servir a Dios. Pablo llama esos
esfuerzos "obras muertas" por una razón: Este proceder nunca
producirá justicia o gozo, sino sólo cansancio y miseria. No hay vida en ello,
sólo muerte, porque no es el evangelio de Cristo.
Pablo escribe: "Pues si por la transgresión de uno
solo [Adán] reinó la muerte…" (Romanos 5:17). Si la muerte gobierna tu
caminar, si llevas el peso de las acusaciones constantes del pecado, si nada de
lo que haces es lo suficientemente bueno, entonces tú estás escuchando a la
antigua voz de la naturaleza adámica. De aquella vieja naturaleza, brota todo
intento carnal de apaciguar a Dios, lo cual es contrario a tu identidad en
Cristo.
Pablo luego añade en el
mismo versículo: "…mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo,
los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia" ¿Cómo
obtenemos esta justicia? Pablo nos lo dice en la siguiente frase: "Todos
los que la reciban vivirán en triunfo sobre el pecado y la muerte a través de
este único hombre: Jesucristo". Estamos destinados a triunfar sobre todo
pecado, no a través de nuestros propios esfuerzos, sino a través de este único
hombre: Jesús. Y así, Cristo nos urge: "¿Por qué no llevas esa balanza de
tu propia creación y la entregas a los pies de la cruz? Yo nunca te pedí
apaciguarme. Yo te he llamado para que hagas una cosa: Recibir Mi bendición de
la gracia".
GARY WILKERSON
- (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


