“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no
de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9
Julio era uno de los
chicos más populares de su vecindario. Siempre había chicos jugando en su casa,
comiendo abundantes meriendas y mirando el televisor de pantalla gigante. Y dos
veces por verano invitaba a sus mejores amigos a la cabaña de sus papás, donde
se divertían recorriendo el bosque en sus motos de cuatro ruedas.
¿Ya te das una idea?
Julio tenía una lista de espera de chicos que querían ser sus amigos.
Pero un día el papá de
Julio perdió su trabajo, y tuvieron que vender casi todo lo que tenían. Ya no
tenían una casa llena de juguetes, ni el televisor de pantalla gigante, ni la
cabaña junto el lago. La familia de Julio fue a parar a un departamento pequeño.
A los pocos meses de
este cambio, Julio ya no tenía amigos.
—Mis amigos no se
interesaban en mí —dijo—. Eran mis amigos sólo por interés, cuando teníamos
cosas.
¿Alguna vez has sentido
que alguien quería ser tu amigo por la mesa de arena gigante que tienes en el
fondo de tu casa? ¿O porque te dieron para tu cumpleaños el juego de vídeo más
popular de la temporada?
Si lo único que conocemos es el amor condicional, quizá nos
resulte difícil creer que Dios nos ama simplemente porque sí.
Teresa, por ejemplo,
oía acerca del amor de Dios y pensaba: ¿Qué quiere realmente? Desconfiaba de la
bondad de Dios, preguntándose dónde estaría la trampa. Pero ahora dice que ha
aprendido que Dios quiere que lo ame y lo obedezca. Y él la ama ya sea que ella
corresponda o no a su amor.
Jorge cree que tiene
que hacer un trato con Dios. Necesito enderezar mi vida antes de que Dios me
ame, piensa. Pero Dios dice: "Ya te he aceptado tal como eres. He dado
prueba de ello enviando a mi Hijo para morir por ti mientras estabas perdido en
tus pecados" (ver Romanos 5:8).
Porque Dios nos ama
incondicionalmente, no tenemos que hacer todo a la perfección para que nos
acepte. Eso es lo que Pablo quiso decir cuando escribió: "Porque por
gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de
Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8, 9). El que
Dios nos acepte no depende de nuestras buenas acciones, ni nuestras magníficas
actitudes ni nada extraordinario que
hayamos hecho por él. Nos ama incondicionalmente por lo que él ha hecho.
Cuando Dios nos
demuestra su amor, no hay ninguna trampa. Nos ama de verdad.
JOSH MCDOWELL - (Dev. "VIDA
NUEVA PARA EL MUNDO”)


