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martes, 30 de septiembre de 2014

Cómo se pierde el poder Espiritual 30 septiembre




“Pero  Sansón  no  sabía  que  el  Señor  lo  había  abandonado.” Jueces 16:20


Una discusión sobre el bautismo con el Espíritu Santo y el poder que lleva consigo estaría incompleta si no se presta atención al tópico de cómo se pierde el poder espiritual.

Dios retira su poder de los hombres cuando ellos, habiéndose dedicado a Él, vuelven atrás y se apartan. (Números 6:2; Jueces 16:20) Hubo un día en que Sansón le volvió la espalda al mundo, sus ambiciones, su espíritu y sus propósitos. Se separó a sí mismo para Dios, y Dios lo honró con la unción de su Espíritu. Pero el mundo cautivó otra vez su corazón y Dios lo abandonó.

-El poder Espiritual se pierde por permitir la entrada del pecado. El rey Saúl ganó una gran victoria para el Señor (1 Samuel 11:6,11), pero luego desobedeció (1 Samuel 13:13-14; 15:3-23), y Dios le retiró su favor y su poder. La historia de Saúl es el espejo de la vida de muchas personas a quienes alguna vez Dios los utilizó. El pecado se introdujo en ellos y el poder de Dios fue retirado.

-El poder espiritual se pierde por el auto-indulgencia. La persona que tiene el poder de Dios ha de llevar una vida de auto-negación. Hay muchas cosas que no son pecaminosas, si las juzgamos según el concepto mundano de lo que  es pecado, pero que interfieren con la espiritualidad y le roban al cristiano su poder. La gratificación de la carne y la plenitud del Espíritu no son compatibles, “porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí…” (Gálatas 5:17).

-El poder Espiritual se pierde por codiciar el dinero. Esta fue la razón por la cual Judas Iscariote cayó de la compañía apostólica original, y es el amor al dinero la raíz de todos los males (1 Timoteo 6:10). Ha ocurrido muy a menudo que muchas personas llegaron a conocer lo que es el poder espiritual, pero empezó a llegar el dinero, y poco a poco tomó posesión y se hizo el amo. Aún cuando el dinero se acumule honestamente, el amor por él puede absorber a una persona y acallar al Espíritu.

-El poder espiritual se pierde por permitir la entrada al orgullo. Cuántas veces una persona se ha envanecido porque Dios le ha dado poder y lo ha utilizado, y el Señor se ha visto forzado a hacerlo a un lado por orgulloso (1 Pedro 5:5).

-El poder espiritual se pierde por descuidar la oración y el alimento de la Palabra de Dios. El poder de Dios siempre está conectado con la oración y con su Palabra. Si las descuidamos, rápidamente nos deslizamos hacia la aridez espiritual. Volvamos siempre a pasar tiempo con Dios en oración y en meditación de su Palabra.

ORACIÓN. Padre Celestial, ayúdame a guardar este maravilloso don de tu Espíritu Santo. Aún en esto fracasaré si me falta tu ayuda. Guarda mi corazón puro para ti, ya sea del descuido con el pecado, de deseos de auto-indulgencia, o de alguna otra cosa. Amén


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







lunes, 29 de septiembre de 2014

Las Llenuras del Espíritu Santo 29 septiembre




“No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.”  Efesios 5:18


En Hechos 2:4 leemos: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo.” Este acontecimiento fue el cumplimiento de las palabras de Jesús en Hechos 1:5 “dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.” Uno de los que fueron llenos con el Espíritu, al cual se le menciona por nombre, es Pedro. En Hechos 4:8 dice: Pedro, lleno del Espíritu Santo les respondió…” Aquí el apóstol experimentó una nueva llenura del Espíritu. Y otra vez en el versículo 31, leemos: “Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la Palabra de Dios sin temor alguno.” Se dice que Pedro estaba en este grupo, así que tuvo la experiencia de una tercera llenura del Espíritu Santo.

Es evidente que no es suficiente que una persona sea bautizada una vez con el Santo Espíritu. A medida que surgen nuevas necesidades en el servicio, debe haber nuevas llenuras con el Espíritu. No darse cuenta de este hecho ha producido resultados graves y tristes en el servicio de  muchos creyentes.

Yo no niego que existe una unción que permanece, “la unción que de Él recibieron permanece en ustedes” (1 Juan 2:27), que no es la permanencia de los dones que el Espíritu Santo da. Sencillamente afirmo, con pruebas escriturales abundantes y claras, -por no decir nada de mi experiencia  y observación- que este don no debe ser descuidado, “no descuides el don que hay en ti” (1 Timoteo 4:14 RVR), y más bien debe ser avivado hasta convertirlo en un fuego “por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don que está en ti” (2 Timoteo 1:6 RVR), y que las repetidas llenuras con el Espíritu Santo son necesarias para tener poder creciente y continuo.

Mientras que algunos discuten si estas nuevas llenuras con el Espíritu Santo se deben llamar bautismos frescos o nuevos, parece lo más sabio seguir la costumbre Bíblica común y hablar de la exitosa experiencia del bautismo con el Espíritu como “ser llenos con el Espíritu.”

ORACIÓN. Santo Espíritu, es cierto que te necesito para cada nuevo día, cada nueva persona con la cual tengo que tratar, y para cada nueva situación que encuentro en mi camino. Tú conoces  mis puntos débiles tanto como los fuertes, y que espiritualmente no tengo nada de mí mismo para dar. Lléname una y otra vez. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







domingo, 28 de septiembre de 2014

Fe 28 septiembre




“Por eso les digo: crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.”  Marcos 11:24


El séptimo y último paso, el más sencillo de todos, en algunos aspectos, y sin embargo, para muchos el más difícil, es: fe. Las promesas más positivas de Dios se tienen que apropiar por la fe. “Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7). A menos que creamos en la promesa y con confianza esperemos que Dios haga lo que de manera definida prometió hacer, nuestra oración no producirá resultados.         

En este punto es donde fallan innumerables creyentes que buscan el cumplimiento de esta promesa: no esperan con confianza la bendición.

Pero hay una fe que va más allá  de toda expectativa, una fe que extiende la mano y toma lo que le pide a Dios, que “cree que ya ha recibido lo que pide en oración” (Marcos 11:24). “Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos  que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que hemos pedido” (1 Juan 5:14-15). En nuestra oración definida pidiendo el Espíritu Santo, no existe ninguna incertidumbre en cuanto a si es o no la voluntad de Dios. Por lo tanto sabemos que Él escucha nuestra petición. Entonces estoy seguro que tengo el bautismo con el Espíritu Santo, basado en mi fe sencilla en la Palabra de Dios.

Considere este asunto del bautismo con el Espíritu Santo tal como considera el de la seguridad de su salvación. Basados en la Palabra de Dios que dice que si creemos en Jesús tenemos vida eterna, ya sea que lo sintamos o no, creemos que somos salvos. Lo mismo ocurre con el bautismo con el Espíritu. Asegúrese de que ha cumplido con las condiciones, entonces sencillamente pida, reciba y actúe. Ya sea que sienta una manifestación externa, o que no la sienta, descanse seguro de que habrá más adelante alguna manifestación del Espíritu. “a cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu…” (1 Corintios 12:7), pero cada manifestación del bautismo con el espíritu Divino en el Nuevo Testamento, fue en nuevo poder para el servicio a Dios, ¡no en poder emocional!

ORACIÓN. Santo Espíritu, se espera muchas veces que haya emociones y cierto tipo de experiencias. Yo dejo todo lo que se interponga entre tú y yo, vengo anti solo con tu promesa. Es tu voluntad llenarme con tu Espíritu y lo he recibido como un regalo por la fe. Espero ver la forma en que te manifestarás en mi vida, pero preveo mi servicio para Ti. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







sábado, 27 de septiembre de 2014

La oración que cree 27 septiembre




“Pues si ustedes, aún siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”  Lucas 11:13


El sexto paso en la senda hacia el bautismo con el Espíritu Santo es sencillamente pedirlo a Dios. Pídale a Dios de manera definida y precisa la bendición específica del Espíritu Santo. Habiendo dado los cinco pasos anteriores, es necesario que ore pidiendo este don, creyendo que Dios escucha su oración.

Algunos argumentan con sinceridad que no debemos orar pidiendo el Espíritu. Su razonamiento es que el Espíritu Santo le fue dado a la iglesia el día de Pentecostés como un don que estaría en ella para siempre, así que ¿para qué orar pidiendo lo que ya se ha recibido? Si bien es cierto que el Espíritu Santo le fue dado a la iglesia, como un todo, en el pentecostés, cada individuo todavía debe apropiarse personalmente de este regalo, y la manera de hacerlo es mediante la oración.

Otros van más allá en su argumentación y dicen que todo creyente ya tiene el Espíritu y, ciertamente esto también es verdad. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo” (Romanos 8:9). Pero como ya hemos visto es muy posible tener algo de la presencia y la obra del Espíritu en el corazón, y todavía carecer de la especial plenitud conocida en la Biblia como el bautismo o la llenura del Espíritu Santo. Además tenemos la clara e incuestionable instrucción de Jesús en el sentido de que debemos pedirlo. “El Padre… dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan” (Lucas 11:13). También tenemos el registro de Hechos 4:31 y 8:14-17 donde se nos dice que quienes oraron por el Espíritu, ciertamente lo recibieron.

Contradiciendo toda argumentación humana la clara enseñanza de la Palabra de Dios nos muestra, por mandato y por ejemplo, que el Espíritu Santo se nos da en respuesta en la oración. Así ocurrió el día de Pentecostés, y así ha sido siempre. Las personas que he conocido, que dan más muestras de la presencia y el poder del Espíritu en sus vidas, creen que se debe orar pidiendo su llenura. El autor de estas líneas ha tenido el privilegio de orar con muchos ministros y obreros cristianos por esta gran bendición, y he podido saber después del nuevo poder que han recibido para el servicio. Ningún otro que el poder del Espíritu Santo.

ORACIÓN. Padre Celestial, con la oración más sencilla posible de mi corazón, te pido que me bautices con el Espíritu Santo. No traigo nada más que mi petición y mi fe de que tú, ciertamente, obraras en mí. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







viernes, 26 de septiembre de 2014

¿Sediento? 26 septiembre




“En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: ¡si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la escritura, brotarán ríos de agua viva. Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en Él.”  Juan 7:37-39


Otra vez tenemos aquí el primer paso hacia el bautismo con el Espíritu, esto es, fe en Jesucristo: “aquel que cree en mí.” Pero también tenemos un quinto paso en la palabra sed, “si alguno tiene sed.” Es evidente que nuestro Señor Jesús tenía en mente Isaías 44:3 cuando pronunció las anteriores palabras. El pasaje de Isaías dice: “Regaré con agua la tierra sedienta, y con arroyos el suelo seco; derramaré mi Espíritu sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus vástagos.” Note con cuidado la relación con las palabras de Jesús, “si alguno tiene sed.”

¿Ha estado usted realmente sediento alguna vez? Yo estuve entre los sesenta mil soldados en Chickamauga Park durante la guerra entre los Estados Unidos y España, donde no hubo lluvia por muchos días. El polvo en el aire llegaba a diez metros de altura, día y noche, y comíamos polvo, bebíamos polvo, dormíamos sobre el polvo, soñábamos con el polvo, y no había agua potable para beber. Yo sé lo que es tener sed. Cuando un hombre, o una mujer, están realmente sedientos, parece como si cada poro en su cuerpo tuviera un sólo clamor: “¡Agua! ¡Agua! ¡Agua!” Y cuando una persona está sedienta espiritualmente, todo su ser también sólo hace un clamor: “¡El Espíritu Santo! ¡El Espíritu…! ¡El Espíritu…! ¡Oh, Dios, dame el Espíritu Santo!”, es entonces cuando Dios envía diluvios sobre la tierra seca; y derrama su Espíritu sobre nosotros.

Debe haber un intenso deseo en nuestro interior que sale a la superficie producido en nuestra ayuda y necesidad de poder para servir a Dios eficazmente, y se debe desear ese poder a cualquier costo. Y el costo para usted podría ser grande. Podría sacarlo de un lindo hogar aquí a los Estados Unidos, o en cualquier otro lugar, y llevarlo a la china, o la India, o al corazón del África. Y su intenso deseo debe manar para la Gloria de Dios y no para su propia gloria. Hechos 8:18-22 registra el serio caso de Simón el mago quien deseaba el Espíritu Santo, pero su motivación no era santa. Tenga mucho cuidado en este punto. Vaya a solas con Dios y pregúntele si su deseo por el Santo Espíritu tiene la motivación correcta de glorificarlo a Él como debe.

ORACIÓN. Espíritu de Dios, estoy sediento de Ti en una tierra árida y sedienta en donde no hay agua. Purifica mi corazón para que mi único deseo sea glorificarte a Ti y servir a mi Rey de una manera digna de su grandeza. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







jueves, 25 de septiembre de 2014

Total sometimiento 25 septiembre




“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos  nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con Él  todas las cosas?”  Romanos 8:32


En este punto un mayor número de personas pierden el bautismo con el Espíritu Santo. En este punto del sometimiento incondicional a la voluntad a Dios, más personas lo logran en él, en comparación de los otros pasos. Hay muchos que andan largos trechos en materia de sacrificarse por Cristo, como por ejemplo convirtiéndose en misioneros, quienes a pesar de ello se quedan cortos en el asunto del sometimiento a Dios, y por lo tanto se quedan cortos para recibir la bendición. No hay caso, en absoluto, en que usted ore por el bautismo con el Espíritu, si no está dispuesto a someter su voluntad al Señor, sin retener absolutamente nada.

En los tiempos del Antiguo Testamento, fue en el momento en que se puso el holocausto sobre el altar, -completo sin retener nada- que “de la presencia del Señor salió un fuego” (Levítico 9:24), y el sacrificio fue aceptado. Y es también cuando nos presentamos a nosotros mismos en ofrenda completa al Señor, sobre el altar, que viene fuego de Dios y acepta el sacrificio.

Muchos creyentes están temerosos de hacer una rendición o sometimiento total porque le temen a la voluntad de Dios. Tienen miedo de que la voluntad de Dios sea algo terrible, algo duro. Recuerde quién es Dios: Él es infinito amor, y la absoluta sumisión a Dios significa sencillamente absoluta sumisión al amor infinito. Y Dios es nuestro Padre ¿Tiene esto algo de horrible? El amor de Dios no es solamente más sabio que el de cualquier Padre terrenal, sino más tierno que el de cualquier madre también. “No quitará  el bien a los que andan en integridad” (Salmo 84:11 RVR). No hay nada que temer en la voluntad de Dios. En el resultado final, la voluntad de Dios siempre probará ser lo mejor y lo más dulce en todo el universo de Dios. Doblegue su voluntad y mire a su Padre para que lo bautice con su Santo Espíritu.

ORACIÓN. Padre amoroso, ¿cómo podemos mirar a Jesús en la cruz y todavía tener reservas o temor en nuestro corazón acerca de tu voluntad para nuestras vidas? Yo me arrodillo al pie de su cruz hasta que las reservas se derritan. Espíritu Divino, encuéntrame hoy ante la cruz. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







miércoles, 24 de septiembre de 2014

Confesión y obediencia 24 septiembre




“Arrepentíos y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados -les contestó Pedro-, y recibirán el don del Espíritu Santo.” Hechos 2:38


Fue inmediatamente después del bautismo de Jesús  que el Espíritu Santo descendió sobre Él (Lucas 3:21-22). Aunque era sin pecado, en su bautismo Jesús se humilló a sí mismo para tomar el lugar del pecador, y luego Dios lo exaltó a lo sumo dándole el Espíritu Santo y dando testimonio de Él en forma audible: “Tú eres mi Hijo Amado; estoy muy complacido contigo” (Lucas 3:22). Así que también nosotros debemos humillarnos y hacer una confesión franca ante el mundo de nuestra renunciación al pecado y de nuestra aceptación a Jesucristo, mediante el bautismo. Este es el tercer paso hacia el bautismo con el Espíritu Santo. Desde luego que el bautismo con el Espíritu puede preceder su ocurrir antes del bautismo con agua, como fue el caso de las personas que estaban en la casa del centurión Cornelio (Hechos 10:44-47). Pero evidentemente este fue un caso excepcional y, de todos modos, el bautismo en agua tuvo lugar inmediatamente después. No dudo que ha habido creyentes que no creían ni practicaban el bautismo en agua -por ejemplo los cuáqueros- y que han recibido la plenitud del Espíritu, pero el pasaje escritural que tenemos ante nosotros, nos presenta, ciertamente, el orden normal. 

El cuarto paso también está claramente implícito en Hechos 2:38, pero se expresa con mayor claridad en Hechos 5:32:“nosotros somos testigos de estos acontecimientos, y también lo es el Espíritu Santo que Dios ha dado a quienes lo obedecen.” El cuarto paso es obediencia. 

¿Qué significa obediencia? No es hacer solamente una o dos cosas, o la mayoría de las cosas; sino todas las cosas que Dios manda. El corazón de la obediencia es la voluntad. La suma y la esencia de la obediencia es rendirse y someterse totalmente a la voluntad a Dios. Eso quiere decir que voy a Dios y le digo: Padre Celestial, aquí estoy, yo y todo lo que tengo. Tú me has comprado por precio y reconozco tu absoluto derecho de propiedad sobre mí. Tómame con todo lo que tengo y haz conmigo lo que sea tu voluntad. Envíame donde quieras; utilízame según tu deseo. Me rindo a ti con todo lo que poseo, absoluta e incondicionalmente a tu control y uso, para siempre.

ORACIÓN. Padre que estás en los cielos, yo digo sí a lo expresado en las líneas anteriores. Estoy dispuesto a confesar mi fidelidad a Jesucristo en lo que sea y tu deseo para mí, gustoso rindo mi voluntad a Ti. Fui comprado por el sacrificio de Jesús y me deleito en obedecerte como mi Padre. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







martes, 23 de septiembre de 2014

Arrepentimiento 23 septiembre




“Arrepentíos y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados -les contestó Pedro-, y recibirán el don del Espíritu Santo.”  Hechos 2:38


El segundo paso también se encuentra en la palabra arrepentimiento, un cambio mental, un cambio de la actitud que ama el pecado, lo tolera y consiente, a la actitud que lo detesta y renuncia a él. Este es el segundo paso hacia el bautismo con el  Espíritu Santo: renunciar a todo pecado. Aquí enfrentamos uno de los obstáculos más grandes que impiden recibir el Santo Espíritu. Como su mismo nombre lo dice, el Espíritu Santo es Santo, y tenemos que hacer una elección clara entre el Santo Espíritu, y el pecado impuro y no santo. No podemos tener a los dos. En este punto es donde muchos creyentes fracasan y no obtienen la bendición. Se aferran a algo en su ser interior que saben, con mayor o menor certeza, que no agrada a Dios.

Si hemos de recibir el Espíritu Santo debe haber un escudriñamiento del corazón muy cuidadoso y sincero. Pero no podemos escudriñarnos satisfactoriamente nosotros mismos: Dios debe hacer esa labor. Si deseamos recibir el Espíritu Santo, debemos ir a Dios en privado y pedirle que escuche detalladamente nuestro corazón, y exponga a la luz cualquier cosa que le desagrade (Salmo 139:23-24). Luego debemos esperar que lo haga.

Con frecuencia lo que nos impide recibir el bautismo con el Espíritu Santo es lo que llamamos con complacencia “un pecado pequeño”. Pero en realidad no hay “pecados pequeños”. Hay pecados en relación con cosas pequeñas, pero cada pecado es un acto de rebelión contra Dios, no importa lo pequeño que parezca.

Si hay algo que siempre surge cuando usted se acerca a Dios, eso es lo que debe desechar de inmediato. Muchos de nosotros hacemos cosas de las cuales nos hemos persuadido que son perfectamente correctas, pero que cada vez que nos acercamos al Señor, emergen para molestar nuestra conciencia. Con ellas debemos tratar asistidos por la luz divina.

Si después de una espera paciente y sincera no sale nada a la luz, debemos concluir que no hay cosas de este tipo en nuestro camino y proceder con los próximos pasos. Pero no debemos llegar a esta conclusión con demasiada rapidez. El pecado escondido con frecuencia parece muy pequeño e insignificante.

ORACIÓN. Espíritu de Dios, tú escudriñas lo íntimo de Dios y mi corazón también. Te pido que expongas a la luz cualquier cosa en mi vida que estorbe tu plenitud en ella, sin importar lo pequeña que me parezca. Permaneceré  frente al trono divino y escucharé tu voz. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







lunes, 22 de septiembre de 2014

En dónde comenzar 22 septiembre




“Arrepentíos y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados -les contestó Pedro-, y recibirán el don del Espíritu Santo.”  Hechos 2:38


La pregunta práctica que confrontamos es: ¿cómo podemos obtener el bautismo con el Espíritu Santo? La Palabra de Dios la responde muy explícitamente. Hay un sendero bíblico claro que consiste en siete pasos sencillos que cualquier creyente puede andar. Cualquier cristiano que dé estos siete pasos entrará, con absoluta certeza, a disfrutar de esta bendición. La declaración podrá parecer muy positiva, pero igualmente lo es su resultado.

En Hechos 2:38 se describen con especial distinción los tres primeros pasos. Los otros, que están claramente implícitos en este versículo, se explican con claridad en otros pasajes a los  cuales nos referiremos posteriormente.

Los primeros dos pasos se encuentran en la Palabra "arrepentíos". ¿Qué significa arrepentirse? Significa  cambiar su mente, un cambio en la forma de pensar. Pero, ¿un cambio en la forma de pensar acerca de qué? Según lo determina el contexto en este caso, el cambio era básicamente en relación con Jesucristo. Pedro  hizo una horrorosa acusación a sus oyentes. Les dijo que ellos habían crucificado a Jesús, a quien Dios hizo Señor y Cristo. El apóstol habló estas palabras en el poder del Espíritu, y el resultado fue que “cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos “(Hechos 2:37). Pedro les dijo que era tiempo de cambiar su forma de pensar acerca de Cristo. Acepte a Jesús como Señor y Cristo: un cambio de actitud que los llevó a crucificar a Cristo, a una actitud de agradecida aceptación. Acepte a Jesús como Señor y Cristo: este es el primer paso hacia el bautismo con el Espíritu Santo.

¿Ha aceptado usted a Jesús como su Salvador? Con esto quiero decir: ¿confía plenamente en la obra terminada de Jesucristo en la cruz del Calvario, cuando murió en nuestro lugar, como el único medio para ser aceptado ante de Dios? No puede haber una pizca de confianza en la justicia por obras, como bien les recuerda Pablo a los Gálatas al hablar de su experiencia con el Espíritu  santo: “¿Recibieron el  Espíritu por las obras que demanda la ley, o por la fe con que aceptaron el mensaje?” (Gálatas 3:2). El primer paso para recibir el Espíritu Santo es confiar total y absolutamente en lo que Jesucristo ya ha hecho, no en algo que hagamos nosotros.

ORACIÓN. Señor Jesús, yo ciertamente confío completamente en Ti para mi salvación. Desecho poner mi confianza en algo que yo ya haya hecho, que pueda hacer, o que tenga la apariencia de mérito para obtener el amor del Padre. Solo Tú eres mi Salvador, y solamente en ti confió, Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Quién puede ser bautizado con el Espíritu? 21 septiembre




“…y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”  Hechos 2:38-39


La “promesa” a la cual se refiere Pedro en el versículo anterior es incuestionablemente el bautismo con el Espíritu Santo (Hechos 3:33). Pero, ¿para quién es este regalo? “Para vosotros y para vuestros hijos”, y a las generaciones que les seguirían. Luego, mirando hacia adelante, a las edades futuras en la historia de la iglesia, dijo tanto a judíos como a Gentiles: “…y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” El bautismo con el Espíritu es para cada hijo de Dios a través de todas las edades en la historia de la iglesia. Si no lo hemos experimentado personalmente es porque no hemos tomado lo que Dios ha provisto para nosotros mediante nuestro exaltado Salvador.

Qué emocionante saber que Dios desea que cada uno de nosotros sea  revestido con poder de lo alto. Pero ese gozo indecible tiene su lado serio. Si yo puedo ser bautizado con el Espíritu Santo debo serlo. Si soy bautizado con el Espíritu, seré un instrumento para la salvación de muchas almas, que de otra manera no serían salvas. Si no estoy dispuesto a pagar este precio del bautismo, entonces soy responsable ante Dios por todas las almas que pudieron salvarse y no se salvaron por su culpa.

Puede ser que tengamos un llamado a servir muy claro, tan claro como el que tenía los apóstoles, pero es nuestra la responsabilidad de buscar ser revestidos con el poder de lo alto antes de comenzar nuestro servicio.

Quien quiera que esté desarrollando algún tipo de trabajo  cristiano sin haber recibido el bautismo con el Espíritu Santo debe hacer un alto en lugar donde se encuentre y no continuar hasta que haya sido bautizado. Recuerde que cuando vino el poder sobre los discípulos, lograron en un solo día mucho más de lo que hubieran logrado en años si presuntuosamente hubieran desobedecido el mandato del Señor. Lo mismo es válido para nosotros hoy.

ORACIÓN. Dios Todopoderoso, y mi Padre: es emocionante saber que Tú deseas revestirme con tu poder, pero es algo serio a la vez. Vengo a Ti para ser equipado con el fin de servirte y ser un testigo a quienes tú deseas alcanzar a través de mí. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







sábado, 20 de septiembre de 2014

¿Quién necesita el bautismo con el Espíritu? 20 septiembre




“Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre; pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto.” Lucas 24:49


Poco antes de ser recibido arriba en los cielos, Jesús les dio a sus discípulos un mandamiento definitivo con relación a no comenzar el trabajo que les había encomendado hasta que recibieran el necesario bautismo con el Espíritu Santo.

Estos hombres ya habían recibido una preparación integral para la obra que tenían entre manos. Habían tomado un curso de más de tres años en el mejor seminario teológico que ha existido sobre la tierra, en el cual nuestro Señor era el único pero todo-suficiente Maestro. Habían sido testigos presenciales de sus milagros, su muerte y su resurrección de entre los muertos, y estaban a punto de ser testigos de su ascensión a los cielos. La tarea que tenían ante sí era sencillamente ir y contarle al mundo perdido lo que sus ojos habían visto, y lo que sus oídos habían escuchado de los labios del Hijo de Dios.

¿No estaban ellos plenamente preparados? A nosotros nos parece que sí. Pero Cristo dijo: “No, ustedes están tan faltos de preparación que deben sentarse hasta que sean revestidos con poder de lo alto para este servicio. Solo hasta cuando reciban el bautismo con el Espíritu Santo -y solo hasta entonces- estarán preparados para este trabajo.”

Si a estos hombres, que habían recibido un llamado tan claro y definido, no les permitió Jesús iniciar su tarea sin antes recibir el bautismo; si se les refrenaba de hacer su trabajo mientras no hubieran recibido el Espíritu, ¿qué diremos de nosotros? ¿debemos comenzar el nuestro sin recibir lo mismo que ellos recibieron?

Pero esto no es todo. En el capítulo 10 de los Hechos leemos: “Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él” (Hechos 10:38 RVR). Cuando escudriñamos los evangelios buscando una explicación a estas palabras, encontramos en Lucas 3:21 a 4:21, que todo el ministerio de Jesús estuvo lleno con el Espíritu Santo. Si Jesucristo, quien era divino, verdadero Dios y verdadero hombre, no se aventuró en el ministerio para el cual el Padre lo había enviado, hasta ser bautizado con el Espíritu Santo, ¿nos atreveremos nosotros hacerlo?

ORACIÓN. Señor Jesús, si Tú necesitaste la plenitud del Espíritu Santo en tu vida, cuánto más yo. Si los discípulos no estaban preparados para la tarea a la cual los habías llamado, yo mucho menos. Humildemente me inclino ante ti con un corazón abierto para servirte. Amén.


R. A. TORREY  (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







viernes, 19 de septiembre de 2014

Una noción equivocada 19 septiembre




“Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.”  1 Cor 12:4-6


El que cada persona que es bautizada con el Espíritu Santo debe tener poder como evangelista es una noción e idea tan arraigada que conduce a tres grandes daños.

-En primer lugar conduce a la frustración y a veces a la desesperación. Muchos creyentes buscan el bautismo con el Espíritu Santo, cumplen con las condiciones y de hecho lo reciben. Pero Dios no los ha llamado a ser evangelistas y, por lo tanto, no les da el don de poder como evangelistas. Entonces el creyente finalmente se siente perplejo y confundido, y se pregunta si en realidad habrá recibido el Espíritu, llegando algunos a la desesperación.

-El segundo daño es más grave que el primero: es el error de la presunción. Muchos creyentes, pretenden hacer la labor de evangelistas sin que el Señor les haya llamado a hacerla, -porque, han recibido, o piensan que así ha ocurrido- el bautismo con el Espíritu Santo. Presumen que “todo lo que yo necesito para ser pastor es ser bautizado con el Espíritu Santo”. Y esto está muy lejos de ser cierto. Primero se requiere un llamado de Dios para ese trabajo específico, luego se necesita un conocimiento de la Palabra de Dios para que la persona pueda predicar del bautismo con el Espíritu, y también algo digno de oír.

-El tercer daño es el peor de todos: es el daño de la indiferencia. Hay muchos que saben que no han sido llamados al trabajo de la predicación. Piensan que el bautismo con el Espíritu sencillamente imparte poder para predicar y como hay muchos que saben que han sido llamados al trabajo de la predicación, entonces para ellos el bautismo es un asunto que no tiene ningún interés personal. Tenemos que llegar a comprender la verdad, que aunque el Espíritu imparte poder, la forma en que ese poder se manifiesta depende de la obra que el Señor nos ha llamado a hacer, y sin Él no se puede hacer ningún trabajo eficaz.

Tenemos el derecho de “desear los mejores dones” (1 Corintios 12:31), pero el Espíritu Santo es soberano y toma la decisión final sobre el asunto. De nuestra parte debemos ponernos a su disposición sin reservas para recibir tanto el don como el poder para servirle.

ORACIÓN. Espíritu Santo, Tú eres Dios Soberano en todos los aspectos, y yo me pongo ante ti para hacer tu voluntad. Y abro mi corazón diciéndote que estoy dispuesto para lo que Tú desees en cuanto a mi vida y mi servicio. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







jueves, 18 de septiembre de 2014

Diversidad de dones 18 septiembre




“Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”  Hechos 1:8


El bautismo con el Espíritu Santo está siempre relacionado con el testimonio y el servicio, y ese es su propósito principal. Ciertamente no hay un solo pasaje en la Biblia en el que se hable de esta experiencia y no se le relacione con el  poder para el servicio.

El bautismo con el Espíritu Santo no tiene, básicamente, el propósito de hacernos más santos, aunque sin su obra no podemos saber nada acerca de la santidad. Tampoco nos es dado para hacernos más felices, aunque el Divino Espíritu produce gran gozo en nosotros. Nos es dado para hacernos más útiles en las manos de Dios. Mientras que algunos relacionan al Espíritu Santo con éxtasis sin fin, en un mundo en donde los hombres, las mujeres y los niños son arrastrados sin salvación a una eternidad sin esperanza, yo prefiero pasar toda mi vida sin experimentar un solo momento de éxtasis o de rapto, y tener poder para hacer mi parte en la tarea de frenar esta terrible ola y salvar algunos, por lo menos. Esta grandiosa experiencia espiritual nos hace útiles para Dios en la tarea de la salvación  de las almas.

Este poder para servir no se manifiesta exactamente de la misma manera en cada individuo. Este tema es discutido extensamente en 1 Corintios 12, en donde el apóstol Pablo habla de la diversidad de los dones, los ministerios y las operaciones del Espíritu Santo. El punto destacado aquí es que mientras que hay solo un bautismo con el Espíritu, existe una amplia variedad de manifestaciones y dones que el Espíritu Divino da a los creyentes, de acuerdo al tipo de servicio al cual es llamado cada uno. Es un gran error pensar que toda persona que es bautizada con el Espíritu Santo tiene que hablar en lenguas, o que todo creyente recibe poder como evangelista o predicador de la Palabra, tal como lo recibieron Wesley, Finney o Moody. Esta es una idea no escritural y contraria a la diversidad de los dones otorgados. De acuerdo a su propio y sabio criterio el Espíritu Santo imparte a cada persona un don específico para el servicio especial al cual la llamó.

ORACIÓN. Padre Celestial, necesito oír esto, una  y otra vez. Tú sabes cuán a menudo comparo lo que digo que el Espíritu Santo ha hecho en la vida de alguien con lo que ha hecho en la mía. Muéstrame qué es lo que me has llamado a hacer y, según la tarea, dame el poder que me capacite para realizarla. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







miércoles, 17 de septiembre de 2014

Las diferentes obras del Espíritu Santo 17septiembre




“¿Recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando creyeron?” Hechos 19-2


El bautismo con el Espíritu Santo es una obra del Espíritu de la obra regeneradora. Nacer del Espíritu es una cosa, ser bautizado con Él es algo diferente, algo adicional. Esto se hace evidente al leer  Hechos 1:5 “…dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.” Los discípulos no habían sido bautizados con el Espíritu Santo, pero si habían nacido de nuevo. En Juan 15:3 Jesús les había dicho a estos hombres: “Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado.” Se deduce de Santiago 1:18 y 1 de Pedro 1:23, que ser o estar “limpio” significa “nacer de nuevo” por la Palabra de Dios. El Señor dijo acerca de los discípulos que todos estaban limpios, excepto Judas Iscariote (Juan 13:10-11), pero todavía no habían sido bautizados con el Espíritu Santo.

La misma situación es evidente en Hechos 8:12-16. Aquí encontramos un gran grupo de creyentes bautizados, pero el relato bíblico nos cuenta que cuando Pedro y Juan los visitaron, al “llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, porque el Espíritu aún no había descendido sobre ninguno de ellos” (Vr. 15-16). En un lenguaje más claro e innegable, la Escritura nos muestra que el bautismo con el Espíritu Santo es algo distinto y adicional al nuevo nacimiento. Aunque no concuerda con nuestras teorías preconcebidas, inclinémonos ante la enseñanza de la Palabra de Dios.

Pero debo agregar que uno puede ser bautizado con el Espíritu Santo en el mismo momento del nuevo nacimiento. Tal fue el caso de quienes estaban en la casa de Cornelio cuando el apóstol Pedro los visitó (Hechos 10:44), y creo que esto quiere decir que esa era la norma en la iglesia. Ser bautizado con el Espíritu Santo es el privilegio y la herencia por el nacimiento de cada creyente, por el Salvador crucificado, resucitado y ascendido a los cielos. Él ha derramado este don maravilloso (Hechos 2:33). Pero a semejanza de los creyentes de Efeso (Hechos 19), muchos creyentes de hoy no han reclamado todavía lo que es suyo por derecho.

ORACIÓN. Espíritu Divino, veo que las preguntas que tengo acerca de tu obra no son nuevas, y que los creyentes del Nuevo Testamento obtuvieron respuestas para ellas. Te ruego que respondas las mías también. Que tu Palabra sea absolutamente clara a mi mente y mi corazón para que yo pueda asimilarla. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







martes, 16 de septiembre de 2014

El bautismo con el Espíritu Santo 16 septiembre




“No se alejen de Jerusalén, sino esperen la promesa del Padre, de la cual les he hablado. Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.”  Hechos 1:4-5


Se dicen muchas cosas en estos días con respecto al bautismo con el Espíritu Santo, pero me temo que muchos hablan de él y oran por esta experiencia sin tener una idea clara y definida de lo que es. Pero la Biblia nos muestra un cuadro claro de esta maravillosa bendición.

La Biblia utiliza numerosas expresiones refiriéndose al bautismo con el Espíritu. Además del versículo anterior, leemos en hechos 2:4 en donde se cumplió la promesa: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo…” (Hechos 2:4). Pero comparando Hechos 10:44-47 con Hechos 11:15-16, encontramos las siguientes expresiones: “Él Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban el mensaje” y “recibieron el Espíritu”. Todas ellas son equivalentes y expresan la misma idea de “ser bautizado con el Espíritu.”

Encontramos también que el bautismo con el Espíritu Santo es una experiencia definida que uno debe conocer, ya sea que lo haya recibido, o no. Esto resulta claro del mandato de nuestro Señor a los apóstoles: “…pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Lucas 24:49). Si este revestimiento con poder, este bautismo con el Espíritu Santo, no fuera una experiencia tan definida que uno pueda saber si la ha recibido o no, ¿cómo podían los discípulos saber que los días de espera habían terminado, y que el tiempo de comenzar su ministerio había llegado?

Esta misma idea es muy clara en la pregunta definida que el apóstol Pablo hace a los creyentes en Éfeso: “¿Recibieron ustedes el Espíritu Santo cuando creyeron?” (Hechos 19:2). Es evidente que Pablo esperaba un sí o un no, como respuesta. ¿Cómo más podían estos discípulos responder el interrogante de Pablo, si no era de una manera definida? Y de hecho la respuesta fue un categórico no. Estos discípulos estaban en completa oscuridad en lo referente al Espíritu Santo, pero con la instrucción del apóstol respondieron inmediatamente y fueron bautizados con el Espíritu allí mismo. La Biblia es absolutamente clara en cuanto a que el bautismo con el Espíritu Santo es una experiencia definida.

ORACIÓN. Señor Jesús, tus palabras a los discípulos fueron inconfundiblemente claras, pero han sido tan tergiversadas y mal utilizadas en el día de hoy, que esto ha causado confusión. Te pido que me des claridad sobre ellas para que yo pueda discernir la verdad y acogerla con fe. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







lunes, 15 de septiembre de 2014

Gozo en el Espíritu Santo 15 septiembre




“Porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría, en el Espíritu Santo.”  Romanos 14:17


Es algo maravilloso que usted tenga su propia fuente de gozo y alegría dentro de su propio corazón, no en lo que le rodea o en sus circunstancias y posesiones. El gozo y la alegría que tienen su base en lo que poseemos, en las cosas o el ambiente que nos rodea, no pueden hacernos felices siempre. Cuando nuestras posesiones están intactas y el ambiente que nos rodea es bueno, somos felices, pero cuando todo esto cambia somos infelices. Somos felices en la riqueza, e infelices en la pobreza. Felices cuando tenemos salud, e infelices cuando enfermamos. Felices solo cuando los demás hablan bien de nosotros, y cuando nuestros amigos nos rodean, pero nos hundimos en profunda desesperación cuando algo cambia.

Pero si nuestra fuente de gozo está en nuestro propio corazón, y es una fuente que brota en nuestro interior entonces somos enteramente independientes de lo que nos rodea y de nuestras circunstancias. Somos felices si tenemos posesiones o si carecemos de ellas. Somos igualmente felices si somos ricos o pobres, cuando las cosas marchan bien o cuando están “realmente mal”; con salud o con enfermedad. Cuando nos rodean los amigos o cuando la muerte se los lleva.

En las horas oscuras, en los malos momentos que tarde o temprano le llegan a toda persona, cuando por última vez miramos el rostro de un ser amado que yace frío y rígido en brazos de la muerte, ¿Qué consuelo puede haber en algo que este mundo nos pueda dar? Pero esta fuente en nuestro interior, que el Espíritu Santo ha llegado a ser, brota a borbotones en tales momentos”… un gozo indescriptible” (1 Pedro 1:8).

Gozo en el Espíritu Santo, brotando y fluyendo siempre, trescientos sesenta y cinco días al año, y uno más; una fuente que brota y fluye para vida eterna bajo cualquier circunstancia, y que usted puede llevar consigo a dondequiera que vaya.

Si usted posee este manantial puro y cristalino del Espíritu Santo en su corazón, se le hará imposible tratar de satisfacer su sed en las verdosas e insuficientes aguas de los pozos de los placeres mundanos. Usted puede conocer y disfrutar este gozo maravilloso. El Señor Jesús está parado frente a usted, invisible a sus ojos pero de todos modos presente, y tiene en sus manos la dorada copa que contiene el agua de vida, y le dice: ¡Bebe cuanto quieras! ¿Beberá usted?

ORACIÓN. Padre Nuestro que estás en los cielos, deseo tener esta fuente de gozo del Espíritu Santo brotando y fluyendo en mi alma. Confieso que dependo demasiado del mundo para mi felicidad. Vengo a Ti para beber y ser llenado. Amén.


R. A. TORREY (Devocional diario “EL ESPÍRITU SANTO”)







TRADUCCIÓN