“El día que clamé, me respondiste; me
fortaleciste con vigor en mi alma.” Salmo 138:3
“¿Quién
nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución...?
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos
amó.” Romanos 8:35, 37
(Leer 1 Samuel 25:23-44 – Mateo 20:16-34
– Salmo 18:31-36 – Prov. 6:16-19)
David, el autor
del salmo 138 citado hoy, atravesó numerosas dificultades, y Dios lo libró en
muchas ocasiones. Sin embargo, en este salmo Dios no le respondió mediante una
liberación. En respuesta a su clamor, aumentó la fuerza interior de David,
haciéndolo capaz de soportar la prueba.
Cristianos,
Dios siempre responde a nuestras oraciones, a nuestros clamores y llamados de
socorro. Sin embargo, no siempre pone fin a la prueba, porque sabe que es
necesaria. Él la mide con sabiduría y amor. Entonces su respuesta es, en cierto
sentido, mejor que una liberación. Nos fortalece interiormente, para hacernos “más
que vencedores”: no solo atravesaremos
la prueba victoriosamente, sino que por medio de ella aprenderemos a conocer
mejor a nuestro Señor.
Muchos
cristianos lo han experimentado. Pensaban que no podrían soportar jamás tal o
cual prueba. Pero Dios los fortaleció, y la prueba les trajo una bendición
mayor aun que una liberación. Aprendieron a conocer mejor a Dios y a contar con
él más firmemente.
Nuestras
dificultades son la ocasión de sentir nuestra propia debilidad. Percibimos así
aún más nuestra necesidad de buscar ayuda en él.
De esta manera,
cuando Dios no cambia las circunstancias de nuestra vida, no concluyamos que él
no responde. Él responde de otra manera, poniendo a nuestra disposición sus
propios recursos, adaptados y suficientes para la prueba que él midió para su
hijo.
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


