“Dios nos lo ha impuesto. Así que
callemos y confiemos. Hundamos la cara en el polvo. Tal vez aún haya esperanza.
Demos la otra mejilla a quien nos hiera. ¡Cubrámonos de afrentas! El Señor no
nos abandonará para siempre; nos aflige, pero en su gran bondad también nos
compadece. No es la voluntad del Señor afligirnos ni entristecernos.”
Lamentaciones 3:28-33
Jeremías estaba
aprendiendo, como lo había hecho Isaías, que Dios dice: "Mis pensamientos
no son los pensamientos de ustedes, ni son sus caminos mis caminos. Así como
los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos
son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes" (Isaías 55: 8-9).
Estaba aprendiendo por experiencia personal lo que el salmista ya sabía: que
los caminos de Dios son imposibles de descubrir. Por más astutos y perspicaces
que seamos o tratemos de ser, siempre hay un misterio que trasciende nuestra
comprensión de lo que nos sucede. Esto no es un pensamiento consuelo, sino más
bien es reconocer que la finitud del hombre nunca podrá aprehender lo infinito;
que lo que Dios tiene en mente, los patrones maestros que Él está tejiendo,
siempre es mayor que lo que podamos comprender.
Somos
"santos sufrientes". Podemos decir que la injusticia parece estar
caminando sobre la faz de la tierra. Lo primero que comienza a suceder con los
santos sufrientes es que en medio de todo, y al igual que Jeremías, debemos
reconocer el propósito de Dios. Ningún ser humano, gobierno, sínodo o empresa
que se interponga ante Dios permanecerá para siempre. Cuando el Antiguo
Testamento habla del temblor de los cimientos, es porque el Primer Mandamiento
puede convertirse nuevamente en el
mandamiento gobernante, amándolo a Él en primer lugar y por sobre todas las
cosas.
Jeremías no
anduvo predicando una especie de pensamiento positivo del Evangelio de
"ten esperanza, no importa lo mal que se vean las cosas". Él siempre
tuvo esperanza en Dios, pues se dio cuenta de que Dios es el proveedor de todas
las cosas, el Rey de todos los reyes, y el Señor de todos los señores. Cuando
comenzamos a confiar en algo que no es Dios, Él va a permitir que algo suceda
para que, en medio de eso, Él sea revelado como el único Rey que reina por
siempre. Reconoce, entonces, que Dios siempre tiene un propósito, y espera en
él.
También se nos
recuerda que otra razón por la que esperamos en Dios es que el sufrimiento que
consideramos tan malo, el sufrimiento que termina en la muerte y que nos separa
de quienes más nos importan, tiene lugar bajo el mismo Dios quien, aunque hace
caer los imperios humanos, nos mantiene seguros en su hijo Jesucristo. Las
historias de resurrección de la hija de Jairo, de Lázaro y de su Jesús mismo
nos recuerdan que Él tiene la victoria sobre la muerte. Y esa victoria que da
también a sus "santos sufrientes".
ORACIÓN. Padre celestial, aunque la vida a
veces puede parecer sombría, en tu Hijo, nuestro último vencedor, tenemos
confianza para esta vida y la vida venidera. En el Nombre de Jesús oramos.
Amén.
Rev. Edward
Wessling
PARA EL CAMINO – (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


