“Mas Dios muestra su amor para con nosotros,
en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8 (Leer
1ª Pedro 4:7-11)
Cuando se conocieron, Edwin Stanton desdeñó
personal y profesionalmente a Abraham Lincoln, en ese entonces, presidente de
Estados Unidos. Sin embargo, Lincoln prefirió perdonarlo y, tiempo después, lo
asignó a una posición vital en su gabinete durante la Guerra Civil. Finalmente,
se hicieron amigos. Cuando Stanton estaba junto al lecho de muerte de Lincoln
después de que lo balearan en el Teatro Ford, entre lágrimas, susurró: «Ahora
pertenece a las edades».
La reconciliación es hermosa. El apóstol
Pedro se lo señaló a los seguidores de Cristo, cuando escribió: «Y ante todo,
tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de
pecados» (1ª Pedro 4:8). Sus palabras me maravillan si es que, al escribirlas,
Pedro recordaba cuándo había negado a Jesús (Lucas 22:54-62) y en el perdón que
Él le había ofrecido a él —y a nosotros— mediante la cruz.
El amor de Jesús demostrado mediante su
muerte en la cruz nos libra de la deuda por nuestros pecados y permite que nos
reconciliemos con Dios (Colosenses 1:19-20). Su perdón nos capacita para poder
perdonar a los demás y nos da la fuerza para dejar atrás el pasado y avanzar
con Él a nuevos y hermosos lugares de gracia.
Amado Señor, ayúdame a perdonar a otros mediante tu amor misericordioso, así como tú
me has perdonado tan
generosamente a mí.
«El perdón de Dios es el parámetro mediante
el cual soy juzgado». Oswald Chambers
(La Biblia en un año: Éxodo 27–28
— Mateo 21:1-22)


