“Al tercer día se celebraron unas bodas
en Caná de Galilea; y allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus
discípulos fueron invitados a la boda. Cuando se terminó el vino, la madre de
Jesús le dijo: "Ya no tienen vino." Jesús le dijo: ‘¿Qué tienes conmigo,
mujer? Mi hora aún no ha llegado.’ Su madre dijo a los que servían: ‘Hagan todo
lo que él les diga.’” Juan 2:1-5
Me encanta la
historia de Jesús en la boda en Caná, cuando María menciona el problema del
vino a Jesús: ¿por qué, exactamente? Hasta este punto él no ha hecho milagros
(ver Juan 2:11), por lo que ella probablemente no espera uno. ¿Tenía la
reputación de arreglar problemas difíciles? Es evidente que ella tiene mucha fe
en él.
Jesús reacciona
a la insinuación de su madre con desconcierto: "¿Qué tienes conmigo,
mujer? Mi hora aún no ha llegado."
La última
oración es un poco enigmática, pero ciertamente quiere decir "No".
Estoy segura de que María también la escuchó. Sin embargo, ella conoce bien a
su Hijo. Entonces, en lugar de discutir o rendirse, simplemente se dirige a los
sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga." Y se va, dejando el
problema en las manos de Jesús.
¡Qué elección
sabia! Y, así como lo previó María, Jesús se pone a trabajar en el problema...
aunque quizás no exactamente en la forma en que ella esperaba. Jesús obra su
primer milagro. Pero no lo hace por su cuenta, haciendo que los odres se llenen
mágicamente de agua o vino. No, Jesús tiene una idea mejor. Él involucra a los
sirvientes para que ellos sean parte del milagro. "Llenen de agua estas
tinajas", les dice, y ellos lo hacen, hasta el borde, aunque no saben por
qué, por supuesto. Jesús les pidió que lo hicieran, y eso fue suficiente.
Luego, Jesús les dice que saquen un poco y se lo lleven al encargado de la
fiesta para que lo beba. Esto debe haber sido un poco más aterrador. ¿Qué hará
el encargado cuando se encuentre con una copa llena de agua para lavarse las
manos?
Pero lo hacen y
todo sale bien; de hecho, más que bien. ¡El agua era el mejor vino! Los
sirvientes dejan escapar un suspiro de alivio, María sin duda sonrió y el
banquete de bodas siguió con toda normalidad.
Este es un buen
ejemplo a seguir cuando nos encontramos con problemas en nuestra propia vida,
¿no es cierto? Como María, podemos llevar nuestras necesidades a Jesús, incluso
las cosas extrañas o las que parecen no tener ninguna dimensión espiritual. Es
posible que no tengamos idea de cómo solucionar el problema, o que no sepamos
qué orar. No importa. Podemos dejarlo en manos de Jesús, sabiendo que él hará
lo que sea mejor. ¡Siempre lo ha hecho antes!
Pero hay más.
Porque muy a menudo Jesús nos incluye en la solución de esos problemas, tal
como involucró a los sirvientes en Caná. "Hagan esto y aquello", nos
dice, y nos vamos a hacerlo, ya sea que le prestemos dinero a alguien, que
hagamos llamadas telefónicas en su nombre, que escuchemos durante horas a una
persona con problemas o cualquier otra acción amorosa. Le obedecemos y
confiamos en que él resolverá las cosas. Después de todo, ¡aquel que murió y
resucitó para salvarnos para siempre, sin duda se preocupará por los problemas
más pequeños en nuestras vidas!
ORACIÓN. Señor, cuando haya problemas en mi
vida, por favor ayúdame. Amén.
Dr. Kari Vo
PARA EL CAMINO – (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


