“Más quisiéramos estar ausentes del
cuerpo, y presentes al Señor.” 2ª Corintios 5:8
“Teniendo deseo de partir y estar con
Cristo, lo cual es muchísimo mejor.” Filipenses 1:23
(Leer 1 Sa. 20:24-42 – Mateo 16:13-28
– Salmo 17:6-9 – Pr. 5:7-14)
Después de su
muerte el cristiano se halla en un estado de felicidad consciente. Su alma
todavía espera la resurrección de su cuerpo, pero está consciente y feliz en la
presencia del Señor.
Esta era la
certeza del apóstol Pablo quien escribió que si estamos “ausentes del cuerpo”,
estamos “presentes al Señor”. El Señor no le dijo al ladrón que tendría que
esperar el reino, sino: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).
Antes de morir
lapidado, Esteban oró: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59). Sabía que iría inmediatamente al cielo,
donde acababa de ver al Señor “a la diestra de Dios” (v. 55-56). Para el
creyente, la muerte es “ganancia”, porque estar con el Señor es “muchísimo
mejor”.
El cristiano
espera la venida del Señor; entonces los muertos en Cristo resucitarán y los
creyentes vivos serán arrebatados a su encuentro (1ª Tesalon. 4:16-17).
Mientras esperamos, suspiramos interiormente, “deseando ser revestidos de
aquella nuestra habitación celestial” (Romanos 8:23; 2ª Corintios 5:2). “Todos
seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos” (1ª Cor. 15:51-52). Pero antes de que esto se cumpla, el cristiano puede pasar por la
muerte. Según Juan 11:11, «duerme». El cuerpo está inerte, pero se despertará.
¡Así el cristiano posee la gloriosa certeza de estar, plenamente consciente, en
la presencia del Señor!
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


