jueves, 17 de enero de 2019

Las estaciones 17 enero





Cada uno de nosotros es una persona única y singular. Algunas veces bromeamos con otros diciéndoles: «Después de hacerte, Dios rompió el molde». De hecho, cada uno de nosotros ha sido formado en un molde único. Nunca ha habido y nunca habrá nadie exactamente igual a ti o a mí. Sin embargo, al comienzo de su vida, la persona está, como si dijéramos, cerrada, como el capullo de una flor o la yema de una planta. Sólo cuando el capullo de la flor reciba el calor del sol y el alimento de la tierra, se abrirá y pondrá de manifiesto toda la belleza latente que tiene dentro de sí. Análogamente, también los seres humanos, al comienzo de la vida, deben recibir el calor del amor humano, la seguridad y el alimento del afecto de sus padres, para abrirse y poner de manifiesto la singular belleza de la que Dios ha dotado a cada individuo.

Sabemos que si unas fuerzas hostiles, como una helada inesperada, dañan el capullo de una flor, éste no se abrirá. Del mismo modo, una persona que viva sin el calor y el aliento del amor y que deba soportar la escalofriante ausencia del elogio y el afecto, permanecerá encerrada en sí misma. Las dinámicas de la personalidad se verán obstruidas. Y si las dinámicas de la personalidad se ven seriamente bloqueadas, el resultado será lo que los psicólogos denominan neurosis. Aunque hay muchas descripciones válidas de la neurosis, ésta se reconoce básicamente por la paralizante incapacidad de relacionarse bien con los demás, de acercarse a ellos y de aceptarlos como son sin temor al rechazo. –De WHY AM I AFRAID TO LOVE?



JOHN POWELL – (DEV. “LAS ESTACIONES DEL CORAZÓN”)









TRADUCCIÓN