En lugar de
mostrar un yo que imaginamos inadecuado o desagradable, instintivamente
construimos muros, en contra del consejo que nos da Robert Frost: no construyas
un muro hasta que sepas lo que estás encerrando dentro y dejando fuera del
mismo. En la medida en que experimentamos ansiedad, culpa y sentimientos de
inferioridad, sentimos la tentación de llevar máscaras y de representar un
papel, porque no confiamos en nosotros mismos ni nos aceptamos. Los muros y las
máscaras son medidas de autodefensa, y viviremos tras nuestros muros y
llevaremos nuestras máscaras siempre que las necesitemos.
Aunque pueda
parecemos que estamos más seguros detrás de esas fachadas, se trata de una vida
solitaria. Dejamos de ser auténticos y, como personas, nos morimos de hambre.
Lo más triste de enmascararnos, sin embargo, es que nos aislamos de todo contacto genuino y auténtico con el mundo
real y con otros seres humanos que tienen en sus manos nuestra madurez y
plenitud potenciales. Cuando recurrimos a representar papeles o llevar máscara,
no existe ninguna posibilidad de crecimiento humano o personal. Sencillamente,
no somos nosotros mismos y, por lo tanto, no podemos evolucionar como
deberíamos en una atmósfera de crecimiento. Estamos meramente actuando en un
escenario. Cuando caiga el telón después de nuestra representación, seguiremos
siendo las mismas personas inmaduras que éramos cuando dicho telón se alzó al
comienzo de la obra. –De WHY AM I AFRAID
TO LOVE?
JOHN POWELL – (DEV. “LAS ESTACIONES DEL CORAZÓN”)


