Cada vez es
mayor el convencimiento de que tenemos una necesidad tan fundamental y tan
esencial que, si se satisface, es casi seguro que todo lo demás se armonizará
en una sensación general de bienestar. Cuando esa necesidad se alimenta como es
debido, todo el organismo humano está sano, y la persona es feliz. Esta
necesidad es la de un verdadero y profundo amor a uno mismo, una auténtica y
gozosa autoaceptación, una verdadera autoestima, cuyo resultado es un sentido
interior de celebración: «Es bueno ser uno mismo... Estoy feliz de ser yo
mismo!».
¿Te has sentido incómodo e inquieto al leer esto? Condicionados
como estamos por nuestra cultura, parece que somos emocionalmente alérgicos al
vocabulario que habla del amor a uno mismo. La idea de alegrarnos y celebrar
nuestra propia y singular bondad nos resulta extraña y fuera de lugar, porque
la asociamos inmediatamente con el egoísmo, la vanidad y la autosuficiencia.
Sospecho que la mayoría de nosotros nunca hemos atravesado la corteza de este
difícil vocabulario y de estas sospechas para descubrir la realidad más
importante de cualquier vida humana y el principio de todo amor humano. –De EL SECRETO PARA SEGUIR AMANDO.
JOHN POWELL – (DEV. “LAS ESTACIONES DEL CORAZÓN”)


