Imagina que
eres una de esas personas a las que amas de veras. Distánciate un poco y
pregúntate: ¿He intentado realmente ver y afirmar mi valor incondicional y
único tal como lo veo y afirmo de ellas? ¿Intento verdaderamente considerar y
satisfacer mis propias necesidades tal como considero y satisfago las suyas? ¿Me
he perdonado realmente a mí mismo por mis faltas y errores del mismo modo que
les he perdonado los suyos? Medita sobre ello. ¿Piensas de ti mismo con la
misma amabilidad y afecto con que lo haces de aquellas personas a las que más
amas? ¿Te concedes a ti mismo el mismo afecto y comprensión que les ofreces a
ellas?
Supongamos que
alguien te pide un favor. El amor te pide que intentes satisfacer la necesidad
de tu amigo, pero hay alguien más al que debes considerar con igual atención: a
ti mismo. Veamos tus necesidades. Una de tus necesidades primarias es darte con
amor a los demás. La única forma de ser amado es amar. Las únicas personas verdaderamente felices son las que han encontrado a
alguien o alguna causa a la que amar y pertenecer. Sin embargo, puede que
tengas también otras necesidades que debas tener en cuenta. Puedes tener
necesidad de descansar, o puedes tener otra obligación más urgente. Es posible
que, consideradas todas las cosas, tengas que negarte a complacer la petición
de tu amigo.
No estoy
hablando de narcisismo. Me limito a describir lo que debe ser un amor
equilibrado, que se extienda a uno mismo y al prójimo con igual interés. El
equilibrio puede deshacerse tanto si nos preocupamos exclusivamente de nosotros
mismos como si nos preocupamos únicamente del prójimo. Pero ninguna de ambas
actitudes es humanamente viable. Ninguna de ellas representa un amor verdadero
y equilibrado. –De EL SECRETO PARA SEGUIR AMANDO.
JOHN POWELL – (DEV. “LAS ESTACIONES DEL CORAZÓN”)


