Cuando era
joven y apasionado, le dije en cierta ocasión a un hombre mayor y más sabio que
yo que pensaba emplear toda mi vida y mis energías en amar a los demás. Él me
preguntó amablemente si pensaba amarme a mí mismo con igual determinación. Le
contesté que amar a los demás no me dejaría tiempo para amarme a mí mismo; y
aquello sonaba a muy santo. Pero mi amigo, mayor y más sabio que yo, me miró
fija y pensativamente y, finalmente, me dijo: «Estás embarcado en una carrera
suicida». Mi fácil respuesta fue: «¡Qué hermosa manera de morir!, ¿no le
parece?» Pero, naturalmente, él tenía razón. Ahora sé lo que él ya sabía
entonces: que el amor verdadero a los demás tiene como premisa el amor
verdadero a uno mismo.
Para entender
lo que significa amarse a sí mismo, preguntémonos primero qué significa amar a
otro. El amor hace al menos estas tres cosas:
1. El amor estima y afirma el valor incondicional y
único de la persona amada.
2. El amor reconoce e intenta satisfacer
las necesidades de la persona amada.
3. El amor perdona y olvida los fallos de
la persona amada.
Cuando se nos
pide «amar al prójimo como a nosotros mismos», lo que subyace, evidentemente,
es que cualquier cosa que hagamos por nuestro prójimo estemos dispuestos a
hacerla también y sobre todo por nosotros mismos. En otras palabras, es un
acuerdo que lo incluye todo. Son dos las personas a las que tienes que amar: tú
y tu prójimo. No puedes amar a uno realmente sin amar al otro. –De EL SECRETO PARA SEGUIR AMANDO.
JOHN POWELL – (DEV. “LAS ESTACIONES DEL CORAZÓN”)


