“En ningún otro (Jesús) hay salvación;
porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser
salvos.” Hechos 4:12
(Leer 1 Samuel 12 – Mateo 10:26-42 –
Salmo 9:15-20 – Pro. 3:16-18)
Dios es el Dios
Salvador. Él quiere y tiene el poder de liberarnos eternamente, de darnos una
salvación perfecta.
– La salvación de nuestra alma. Todo
hombre que se arrepiente de sus pecados, que se vuelve hacia Dios y cree en la
obra redentora del Señor Jesús, es salvo del juicio venidero y recibe la vida
eterna. Sabe que sus pecados son perdonados, que Dios lo ha recibido, porque
otro fue condenado en su lugar. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y
esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).
– La salvación en la vida de fe diaria. Amados y
salvados por Dios, los creyentes están expuestos a muchos peligros en el mundo. Pero el Señor
Jesús los protege de la maldad de los hombres, los libra de las tentaciones y
los guarda del mal. “Puede también salvar perpetuamente a los que por él se
acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).
– La salvación para el futuro eterno.
Cuando Jesucristo vuelva para llevar consigo a los que han creído en él, los
sacará para siempre de las obligaciones terrenales, los liberará de la
debilidad y de los sufrimientos de su cuerpo actual. “Esperamos al Salvador, al
Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra,
para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filip. 3:20-21).
¡Trátese, pues,
del pasado, del presente o del futuro, Jesucristo es el Salvador perfecto del
que cree en él!
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


