“Cuando aún estaba lejos, lo vio su
padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le
besó.” Lucas 15:20
“El Padre mismo os ama.” Juan 16:27
(Leer 1 Sa. 14:1-22 – Mateo 12:1-37
– Salmo 10:12-18 – Pr. 3:21-26)
Pedro acababa
de leer el relato del hijo rebelde en el Nuevo Testamento que le habían dado.
No podía sacar
de su mente esta historia: le recordaba cosas que él trataba de olvidar, pero
sobre todo el amor que sus padres le habían demostrado a través de tantos
cuidados. Sin embargo, ¿qué bicho lo había picado para que abandonara la casa
paterna? Por supuesto, él hacía lo que le parecía sin tener en cuenta a los
demás, y esto desagradaba a sus padres. ¿Se habría equivocado él, que hoy
trabajaba en la calle con sus compañeros a fin de recoger algunas monedas para
su sustento?
Entonces
decidió ir a hablar con el cristiano que le había dado el Nuevo Testamento. La
conversación comenzó rápidamente.
–La historia de
ese hijo rebelde es la mía, dijo Pedro inmediatamente. Siento vergüenza.
–¿Sabes que
esta historia es la de todo hombre, la mía también, si consideramos al Padre
como nuestro Creador? Tú leíste la primera parte de la historia, leamos juntos
la segunda, dijo el cristiano.
Entonces Pedro
descubrió que el camino del retorno seguía estando abierto, no solo hacia sus
padres, sino también hacia Dios. Confesar sinceramente su pasado ante Dios lo
condujo a Jesucristo, quien se convirtió en su Salvador, su libertador.
Experimentó lo
mismo que el hijo perdido en la parábola que acababa de leer. Dios lo recibió
tal como era, sin hacerle reproches. Ahora tiene la certeza de que fue
perdonado. Jesucristo pagó por sus pecados en la cruz.
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


