“Me levantaré e iré a mi padre (dijo el
hijo pródigo), y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.” Lucas
15:18
“Señor... en ti hay perdón, para que
seas reverenciado.” Salmo 130:3-4
(Leer 1 Samuel 13 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11
– Prov. 3:19-20)
Hace algunos
años un grupo de guitarristas se reunió en la plaza de un pueblo en Inglaterra.
Con sus canciones rítmicas atrajeron rápidamente un numeroso auditorio. Después
de la presentación, Pedro, uno de los músicos, hizo la colecta entre los
presentes. También tocó en la ventana de una casa vecina. Allí le respondieron:
–Joven, usted
tiene una hermosa voz. Le daré este billete si lee en público la historia del
hijo perdido en este Nuevo Testamento.
¡Ganaré rápido
este dinero!, se dijo el joven sonriendo.
–Señoras y
señores, dijo Pedro a su auditorio, tengo un texto para leerles de parte de un
vecino. Entonces abrió el libro en el pasaje indicado y, con la preocupación de
impactar a su público, comenzó: “Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos
dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les
repartió los bienes” (Lucas 15:11-12).
Aquí el lector
se detuvo, y luego continuó con un tono menos seguro: “No muchos días después,
juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí
desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (v. 13). ¡Este relato se adaptaba
a su propia historia! Cuanto más avanzaba en la lectura, más se emocionaba.
Conmovido, leyó el resumen de su propia vida, hasta estas palabras: “¡... y yo
aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre” (v. 17-18).
(Mañana
continuará)
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


