“Ponga cada uno al servicio de los demás
el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios en
sus diferentes manifestaciones. Cuando hable alguno, hágalo ciñéndose a las
palabras de Dios; cuando alguno sirva, hágalo según el poder que Dios le haya
dado, para que Dios sea glorificado en todo por medio de Jesucristo, de quien
son la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.” 1ª Pedro 4:10-11
El supermercado
tenía 21 cajas registradoras, pero sólo tres estaban abiertas y yo estaba al
final de una larga fila de personas. He estado allí muchas veces, pero no
recuerdo que alguna vez las 21 cajas estuvieran abiertas.
Por supuesto
que este no es un problema exclusivo de los supermercados. En las grandes
tiendas sucede lo mismo y en los bancos es común ver los consabidos letreros:
"La próxima ventana, por favor".
Más
recientemente, me irrité cuando subí las escaleras de un edificio público
cargando un montón de cajas, sólo para encontrarme con pequeños carteles
colgados de cadenas en cada una de las siete puertas, que decían: "Por
favor, use la puerta de la calle Yuma".
Se me ocurre
que los mostradores de servicio deberían ser usados para esos fines, ¿no? Sé
que debe haber alguna razón lógica para las señales y barreras y supongo que en
algún momento se utilizarán todas las entradas y salidas, pero nunca lo he
experimentado.
Pero así somos
también las personas, ¿no es cierto?
Tenemos dones y habilidades para usar al servicio
de Dios y de nuestro prójimo y se nos presentan muchas oportunidades para
servir. Pero, consciente o inconscientemente, colgamos pequeños letreros:
"No estoy disponible en este momento". "Vea a otra
persona". "Estoy muy ocupado". "Vuelva más
tarde"." Lo siento, no puedo ayudarle". "Lo siento, no voy
a ayudarle".
¡Qué diferente
es nuestro Señor! Para buscar su ayuda no tenemos que esperar. De hecho, ya hay
abundante ayuda y bendición de parte de Él antes de que se la pidamos. Nunca
vamos a encontrar un letrero que diga que está demasiado ocupado o demasiado
cansado o que tiene mucho que hacer. En conclusión: en lo que a Él respecta,
nunca hay barreras.
El profeta
Isaías dice: "No tengas miedo, que yo estoy contigo; no te desanimes, que
yo soy tu Dios. Yo soy quien te da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te
sostendré con mi justiciera mano derecha" (Isaías 41:10).
Más aún, su
ayuda es gratuita. A veces es posible que tengamos que esperar, pero su ayuda y
su respuesta siempre merecen la pena esperar.
A veces, lo
mejor que podemos hacer por los demás es simplemente estar con ellos y estar
disponibles. Ofrecerle a alguien nuestro tiempo es un regalo que podemos darle
a todos.
Así como Dios
ha hecho con nosotros.
ORACIÓN. Querido Padre celestial, recuérdanos
que seamos como tu Hijo, que siempre se entregó a sí mismo por nosotros,
incluso hasta la muerte en una cruz. En su nombre Amén.
The Lutheran
Layman, julio de 1978, "Nuestros dones y capacidades deben ser
utilizados", por Jon Suel
PARA EL CAMINO – (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


