“… doblo mis rodillas ante el Padre […] para
que […] seáis plenamente capaces de comprender […] el amor de Cristo…” Efesios
3:14, 19 (Leer Efesios 3:14-21)
Acostada quieta sobre la camilla, mantenía la
respiración mientras la máquina zumbaba. Sabía que muchas personas se habían
hecho resonancias magnéticas, pero para mí, que soy claustrofóbica, la
situación requería que me concentrara en algo —Alguien— mucho más grande que
yo.
La frase bíblica: «seáis plenamente capaces
de comprender […] la anchura, la longitud, la profundidad y la altura [del]
amor de Cristo» (Efesios 3:18), acompañaba en mi mente el ritmo del sonido de
la máquina. En esta oración, Pablo describía cuatro dimensiones del amor de
Dios, para enfatizar lo ilimitado de la presencia y el amor del Señor.
Las medidas del tubo me brindaron una nueva
imagen reveladora. El ancho: apenas centímetros al costado de mi cuerpo. El
largo entre ambas salidas: de mi cabeza a mis pies. La altura: 15 centímetros por
encima de mi nariz. Y la profundidad se extendía por el soporte del tubo hasta
el suelo. Cuatro dimensiones que
ilustraban la presencia de Dios rodeándome y sosteniéndome, allí y en todas
las circunstancias de la vida.
El amor de Dios nos rodea por TODAS PARTES:
con sus brazos extendidos, su amor sin fin, su sostén en alto y su mano que
desciende a la profundidad de todas las situaciones. ¡Nada puede separarnos de
Él! (Romanos 8:38-39).
Señor, ayúdame a dimensionar tu amor por mí.
¿Qué situaciones te llevan a dudar del amor
de Dios? ¿Cómo puedes confiar en Él?
(La Biblia en un año: Génesis 27–28
— Mateo 8:18-34)


