“Si sois vituperados por el nombre de
Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre
vosotros... De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden
sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.” 1ª Pedro 4:14, 19
(Leer 1 Samuel 24 – Mateo 19 – Salmo
18:16-24 – Prov. 6:6-11)
En el tercer
siglo Cipriano, futuro obispo de Cartago, escribió a su amigo Donato: «Este
mundo es malo, Donato, increíblemente malo. Pero he descubierto personas
apacibles y santas que han aprendido un gran secreto. Han hallado un gozo mil
veces superior a todos los placeres de una vida de pecado. Son menospreciados y
perseguidos, pero esto no los desanima. Estas personas, Donato, son los
cristianos... y de ahora en adelante formo parte de ellos».
Que el mundo de
antes haya sido tan malo como el mundo de hoy no es nada sorprendente. Pero en
ese mundo vivían personas que, abandonando
los placeres de una vida de pecado, habían hallado su felicidad en Jesucristo.
Eran perseguidos, pero sabían que “todos los que quieren vivir piadosamente en
Cristo Jesús padecerán persecución” (2ª Timoteo 3:12).
Ese testimonio
rendido respecto a los cristianos del primer siglo nos interpela. Otros, antes
de ellos, habían aceptado “con gozo” que los despojaran de sus bienes, sabiendo
que tenían mayores riquezas en los cielos (Hebreos 10:34). Otros estaban
presos, hambrientos y eran maltratados (cap. 13:3).
Hoy numerosos
cristianos en el mundo sufren la opresión, el maltrato, la prisión. Oremos por
nuestros hermanos y hermanas perseguidos. ¡Que la fe de todos esos creyentes
nos anime, nos libre de nuestra indolencia y nos convierta en testigos más
vivos que no se avergüencen del Evangelio de Dios!
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


