“… Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.”
Rut 1:16 (Leer Rut 1:11-18)
«¡Pero yo no quiero compartir!», gimió mi
hijo menor, desconsolado de que tuviera que dar siquiera una de sus muchas
piezas de LEGO. Revoleé los ojos ante su inmadurez, pero en realidad, esta
actitud no se limita a los niños. ¿Cuántas cosas en mi vida —y en toda la
experiencia humana— se caracterizan por una resistencia tenaz a compartir
generosamente con los demás?
Como creyentes en Cristo, se nos llama a
compartir incluso nuestra vida unos con otros. Rut hizo exactamente esto con su
suegra Noemí. Aunque Noemí, al ser una viuda desposeída, no tenía mucho que
ofrecerle, Rut juró que seguiría junto con ella y que ni siquiera la muerte las
separaría. Le dijo: «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios» (Rut 1:16).
Con generosidad, compartió con la anciana, mostrándole su amor y compasión.
Aunque compartir nuestra vida de este modo puede ser
difícil, deberíamos recordar el fruto de tal generosidad. Rut compartió con Noemí, pero después tuvo un hijo que
fue el abuelo del rey David. Jesús compartió su vida con nosotros, pero luego
fue exaltado a la diestra del Padre en el cielo. Cuando compartimos
generosamente con los demás, ¡podemos estar seguros de que experimentaremos una
vida mejor!
Señor, que podamos reflejar tu corazón de amor a medida que compartimos nuestra vida con otras personas.
Compartir el amor de Dios = ocuparse de los
demás.
(La Biblia en un año: Génesis 39–40
— Mateo 11)


