“Pero Dios ordenó el cuerpo de tal
manera, que dio mayor honor al que le faltaba, para que no haya divisiones en
el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen los unos por los otros. De manera que, si
uno de los miembros padece, todos los miembros se conduelen, y si uno de los
miembros recibe honores, todos los miembros se regocijan con él.” 1ª Corintios
12:24b-26
Pocas
Escrituras se refieren al trabajo conjunto del cuerpo de Cristo como 1ª
Corintios 12. Las líneas clásicas del apóstol Pablo como: "Aun cuando el
pie diga: Yo no soy mano, así que no soy del cuerpo", y así sucesivamente,
dan forma a nuestro pensamiento con respecto a cómo debería funcionar la
iglesia y la necesidad de que todos los cristianos se unan a su funcionamiento
saludable. Pablo sabía tan bien como todos que los creyentes necesitan cuidarse
unos a otros. La supervivencia y el crecimiento de la iglesia primitiva
dependían de confiar en Dios para satisfacer sus necesidades, a la vez que los
fieles eran alentados a hacer todo lo posible para ayudarse mutuamente.
Dado que había
grupos de creyentes diseminados por el Mediterráneo desde Jerusalén hasta Roma,
tenía sentido que se unieran en grupos, ya fuera en Filipos o en Corinto, en
los cuales cultivar su fe y satisfacer las necesidades de sus hermanos y
hermanas. Pablo menciona a menudo a los necesitados (ver Gálatas 5:13; Romanos
12: 9-13; Filipenses 2: 4) y, por supuesto, también lo hace Jesús (ver Mateo
23:11; 25: 35-40; Lucas 10: 25-37).
En su libro Lutero
sobre la Vocación, Gustaf Wingren ofrece este comentario de Lutero: "Dios
no necesita nuestras buenas obras, pero nuestro prójimo sí las necesita".
Como cristianos, las buenas obras son las cosas que debemos hacer, no como una
forma de merecer la salvación, sino por amor a Dios y su creación.
Por su parte,
refiriéndose a la vocación y el servicio a nuestros prójimos, el destacado
autor, erudito y profesor emérito de literatura Gene Edward Vieth, dijo lo
siguiente: "En Jesucristo, quien cargó con nuestros pecados y nos da nueva
vida en su resurrección, Dios nos salva para la vida eterna. Pero mientras
tanto, él nos coloca en esta vida temporal donde crecemos en fe y santidad. En
nuestros diversos llamamientos, como cónyuge, padre, miembro de la iglesia,
ciudadano y trabajador, debemos vivir nuestra fe".
ORACIÓN. Padre celestial, tú nos equipas con tu
Espíritu Santo para que vivamos para los demás. Enséñanos a tomar tiempo para
quienes nos rodean, dándonos a nosotros mismos y compartiendo así el amor de
Jesús. En su nombre oramos. Amén.
Paul Schreiber
PARA EL CAMINO – (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


