“Jesús se indignó, y les dijo: Dejad a
los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de
Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no
entrará en él.” Marcos 10:14-15
(Leer 1 Samuel 14:23-52 – Mateo 12:38-50
– Salmo 11 – Pr. 3:27-31)
Ustedes desean
conducir sus hijos a Jesús, como lo hicieron, en tiempos de Jesús, los que le
llevaron sus niños para que los bendijera. Pero, ¿cómo hacerlo? Jesús ya no
está en la tierra, ¿cómo hallarlo? La fe permite experimentar el amor de Cristo
que nos toma y nos lleva en sus brazos en todas las circunstancias de nuestra
vida. Nuestros hijos, más fácilmente que nosotros, también quieren confiar sin
reserva en Jesús. Basta escuchar algunas veces sus oraciones.
Tengamos
cuidado para no impedirles ir a Jesús. Sepamos reservar momentos de calma. En
lugar de llenar todo su tiempo libre con actividades deportivas, juegos
virtuales u otros, dediquemos tiempo en familia para estar juntos en la
presencia de Jesús. La fe nace
simplemente y se profundiza escuchando la Palabra de Dios (Romanos 10:17).
Por eso, ¡leamos la Biblia con nuestros hijos!
Leámosla como
si ese mensaje divino fuera dirigido a cada uno. Expliquémosla simplemente sin
desarrollar nuestras propias opiniones, que podrían opacar lo que el Señor
Jesús quiere comunicarnos. Leamos el texto en alta voz o pidamos a nuestros
hijos que lo lean. Después, hagámosles preguntas sobre el texto, y dejémosles
expresar lo que ha llamado su atención. También estemos dispuestos a responder
a sus preguntas. Así la Palabra de Dios podrá penetrar en sus corazones. Orar
por nuestros hijos también es una manera de llevarlos a Jesús. En los
evangelios varias veces vemos a un padre o a una madre ir a Jesús a rogarle por
su hijo, y Jesús siempre los escuchó.
EDICIONES BÍBLICAS – (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


