“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre
nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre)…” Juan 1:14 (Leer
Juan 1:1-14)
Todas las Navidades, un amigo mío le escribe
una larga carta a su esposa, repasando los acontecimientos del año y soñando
con el futuro. Siempre le dice cuánto la ama y el porqué. También le escribe a
cada una de sus hijas. Sus palabras de amor son un regalo inolvidable de
Navidad.
Podríamos decir que la carta de amor original
de Navidad fue Jesús, el Verbo hecho carne. Juan enfatiza esta verdad en su
Evangelio: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo
era Dios» (Juan 1:1). La palabra griega traducida «Verbo» es logos, referente a
una mente u orden divinos que conjugan la realidad, pero Juan extiende su
significado a una persona: Jesús, el Hijo de Dios, quien «era en el principio
con Dios» (v. 2), y «fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (v. 14). A través de Jesús, el Verbo, la Palabra,
Dios se revela perfectamente.
Los teólogos han luchado durante siglos con
este maravilloso misterio. No obstante, aunque no entendamos mucho, podemos
estar seguros de que Jesús es el Verbo que trae luz a nuestro mundo
entenebrecido (v. 9). Si creemos en Él, nos convertimos en hijos amados de Dios
(v. 12).
Jesús, la carta de amor de Dios para
nosotros, vino y habitó entre nosotros. ¡Este sí que es un maravilloso regalo
de Navidad!
Señor, que tu luz y tu bondad brillen a
través de mí esta Navidad.
¿Cómo puedes compartir con otros hoy el
maravilloso regalo de Jesús?
(La Biblia en un año: Jonás 1–4 — Apocalipsis 10)


