“Dios
es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por
tanto, no temeremos…” Salmo 46:1-2 (Leer Salmo 46)
Mis hermanos y yo crecimos en una zona de colinas
boscosas que ofrecían un paisaje fértil para nuestra imaginación. Ya sea que
nos balanceáramos de las ramas —como Tarzán— o que construyéramos casa en los
árboles —como la Familia Robinson—, representábamos las escenas de las
historias que leíamos o de las películas que mirábamos. Lo que más nos gustaba
era construir fuertes y simular que estábamos a salvo de ataques. Años después,
mis hijos construían fuertes con mantas, sábanas y almohadas: su propio «lugar
seguro» contra enemigos imaginarios. Parece casi instintivo querer un lugar
donde resguardarse y sentirse seguro.
Cuando David,
el poeta y cantor de Israel, buscaba un lugar seguro, su mirada no iba más allá
de Dios. El Salmo 46:1-2 afirma: «Dios es nuestro
amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no
temeremos». Aunque David enfrentaba amenazas casi constantemente, estas
palabras revelan su asombroso nivel de confianza en Dios. A pesar de esos
peligros, estaba convencido de que la verdadera seguridad estaba en el Señor.
Nosotros podemos tener esa misma confianza en el Dios que
promete no dejarnos ni abandonarnos nunca (Hebreos 13:5), y confiarle nuestras
vidas. En este mundo peligroso, Él es nuestro lugar seguro.
Señor, dame tu ayuda, fortaleza y paz.
Demos gracias a Dios por ser hoy nuestro lugar seguro.
(La Biblia en
un año: Ezequiel 42–44 — 1ª Juan 1)


