“Cuando José despertó del sueño, hizo lo
que el ángel del Señor le había mandado y recibió a su mujer, pero no la
conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito. Y le puso por nombre JESÚS.”
Mateo 1:24-25
José hizo
exactamente lo que se le dijo que hiciera: cuando se despertó, se llevó a María
a casa como su esposa y cuando nació el niño, lo llamó Jesús. Sencillo. O como
diría mi hijo con una sonrisa: "simple, pero en realidad no".
Porque la
obediencia no es tan simple, ¿verdad? Podemos saber exactamente qué hacer, pero
hacerlo es otra cosa. Algo se interpone entre nuestro conocimiento y nuestras
acciones, que a veces ni siquiera se parecen a lo que Dios nos dijo que
hiciéramos. A eso lo llamamos "pecado".
Me alegra que
José haya obedecido. A veces yo también logro obedecer, pero no siempre. Y eso
es un problema. Pero es un problema que el hijo adoptivo de José venía al mundo
a tratar. Como dijo el ángel: "él salvará a su pueblo de sus pecados"
(Mateo 1:21). Él vino a hacer
exactamente lo que su nombre prometía, porque Jesús quiere decir "el Señor
salva". Él es quien...
"...
siendo en forma de Dios... se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la
muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y
le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se
doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de
la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de
Dios el Padre" (Filipenses 2:6-11).
La obediencia
de Jesús nos ha dado vida. ¡Gracias a Dios por nuestro maravilloso Salvador!
ORACIÓN. Padre, gracias por enviar a tu hijo
Jesús a ser nuestra salvación. Amén.
PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
* ¿Cuándo te resulta más fácil y más
difícil obedecer?
* ¿En qué se diferencia la obediencia de
Jesús de la forma en que nosotros obedecemos?
PARA EL CAMINO - (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


