“Y mientras ellos se encontraban allí,
se cumplió el tiempo de que ella diera a luz, y allí tuvo a su hijo
primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no
había lugar para ellos en ese albergue.” Lucas 2:6-7
Recuerdo llegar
a casa con mi hijo recién nacido en brazos pensando: "¿Dónde están los
adultos? ¿Quién va a cuidar de este bebé?". No me parecía correcto que
alguien (¿Dios?) hubiera confiado tanto en mí como para mantener a salvo ese
pedacito de ser humano de apenas tres días de nacido. ¿Acaso Dios no me
conocía? ¡Lo más que había hecho hasta entonces era criar un perro!
Para María y
José debe haber sido peor aún: su niño era el Hijo de Dios. ¿Cómo podían criar
ellos al santo Hijo de Dios? ¿Acaso Dios no los conocía? ¿Cómo podía confiarles
a su Hijo?
Pero sabían que
tenían que seguir adelante. José acomodó
lo mejor que pudo a su nueva familia, mientras María sacó las cosas para el
bebé, lo envolvió cálidamente y luego encontró lugar en un pesebre para que
durmiera seguro. Con la ayuda de Dios, los padres de Jesús se dedicaron a su
nueva tarea, confiando en que Dios repararía cualquier error que cometieran.
Tal vez te
estés preguntando dónde están los adultos que deberían ayudarte con tus
desafíos. Pero a ti Jesús te dice lo mismo que le dijo a Pablo: "Con mi
gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la
debilidad." Y con Pablo podemos responder: "Por eso, con mucho gusto
habré de jactarme en mis debilidades, para que el poder de Cristo repose en
mí" (2ª Corintios 12:9). Nuestro Salvador Jesús murió y resucitó por
nosotros. Él no nos dejará solos en ninguno de nuestros desafíos.
ORACIÓN. Padre, cuando no sé qué hacer, dame tu
Espíritu Santo para que me guíe y dirija. Amén.
PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
* ¿Alguna vez hubieras deseado que un
"adulto real" se hiciera cargo de tus responsabilidades?
* ¿Alguna vez te ayudó Dios a enfrentar
una situación difícil?
PARA EL CAMINO - (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


