“Estad siempre preparados para presentar
defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la
esperanza que hay en vosotros.” 1ª Pedro 3:15
“Permanecéis fundados y firmes en la fe,
y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído.” Colosenses 1:23
(Leer Jueces 11:12-40 – Apoc. 13 – Salmo 145:1-7
– Prov. 30:11-14)
«¡Lo que esta
ciudad necesita es esperanza!». Dicha frase fue escrita en un muro de una
capital europea después de que se anunció un séptimo plan de recortes, debido a
la crisis económica.
La necesidad de
esperanza es universal. «De esperanza vive el hombre», dice el refrán. El
desempleado espera encontrar un trabajo, el enfermo quiere sanar, el estudiante
desea aprobar el examen, la pareja anhela ser feliz...
¿Hay algo más
legítimo? Para alcanzar estos objetivos podemos depositar nuestra confianza en
un sistema político, en los progresos de la medicina, en nuestras propias
competencias... Sin embargo, ¡cuántas decepciones hallamos! Ante esta
constatación, alguien escribió: «Para los hombres nunca habrá en la tierra otra
esperanza que la esperanza cristiana». Aquel
que vive una relación de confianza con Dios, cultivada mediante la oración y la
lectura de la Biblia, gozará de esta esperanza. No es tener una vida sin
problemas, sino la seguridad de poseer la fuerza e incluso la paz en las
dificultades de la vida. Somos invitados a echar toda nuestra ansiedad sobre el
Señor, sabiendo que él tiene cuidado de nosotros (1ª Pedro 5:7).
Por último, el
cristiano no se conforma con lo que es visible y temporal. La esperanza
cristiana dirige sus ojos hacia el más allá. Muriendo en la cruz, Jesucristo
pagó la entrada en el paraíso de Dios para todos los que aceptan ese regalo
incomparable. Tal es la esperanza cristiana: ¡una eternidad de felicidad con
Dios!
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


