“Mas el que mira atentamente en la perfecta
ley, la de la libertad, y persevera en ella, […] será bienaventurado en lo que
hace.” Santiago 1:25 (Leer Santiago 1:16-27)
Cuando salí del hotel en Kampala, Uganda, mi
anfitriona, que había venido a buscarme para ir al seminario, me miró, risueña.
«¿Qué es tan divertido?», pregunté. Volvió a reírse y preguntó: «¿Se peinó?».
El que se rió entonces fui yo, ya que me había olvidado de peinarme. Me había
mirado en el espejo del hotel, pero ¿cómo puede ser que no me di cuenta de lo
que vi?
En una práctica analogía, Santiago nos ofrece
una perspectiva útil para que nuestro estudio de las Escrituras sea más
beneficioso. Nos miramos en el espejo para examinar si hay algo que necesitamos
corregir: cabello peinado, cara lavada, camisa bien abrochada. Como un espejo, la Biblia nos ayuda a
evaluar nuestro carácter, actitudes, pensamientos y conducta (Santiago
1:23-24). Esto permite que adecuemos nuestra vida conforme a los principios que
Dios ha revelado. Refrenaremos nuestra lengua (v. 26) y nos ocuparemos de los
huérfanos y las viudas (v. 27). Prestaremos atención al Espíritu Santo de Dios
en nuestro interior y evitaremos contaminarnos con el mundo (v. 27).
Si examinamos la perfecta ley de la libertad
y la ponemos en práctica, nuestras obras serán bendecidas (v. 25). Al mirarnos
en el espejo de la Escritura, recibimos «con mansedumbre la palabra implantada»
(v. 21).
Señor, ayúdame a ordenar mi vida según tu
Palabra.
Así como un espejo refleja nuestra imagen, la
Biblia revela nuestro ser interior.
(La Biblia en un año: Amós 4–6 — Apocalipsis 7)


