“María se quedó con Elisabet como tres meses, y
después volvió a su casa.” Lucas 1:56
Siempre he
tenido curiosidad con respecto al regreso de María a su casa, cuando tuvo que
hablar con sus padres y José sobre su embarazo. ¿Le creerían? ¿Y si no le
creían? Ya llevaba tres meses, por lo que no podía darse el lujo de posponer
esa conversación. Había que tomar decisiones y hacer planes. ¡Sin duda se
preparó con mucha oración!
Nosotros
también pasamos por momentos aterradores en los que no tenemos otra opción que
seguir adelante: un parto, un diagnóstico de cáncer, una relación que se acaba,
la muerte de un ser querido. Sea lo que sea, no podemos evitarlo, o al menos no
por mucho tiempo. Y tampoco tenemos ninguna garantía de que las
cosas van a salir como queremos. La Biblia no nos dice qué dijeron los
padres de María; sólo sabemos que José asumió lo peor, al menos hasta que el
ángel le habló en un sueño. ¡Qué doloroso debe haber sido para todos!
A veces pienso
que Dios pudo haberles ahorrado el dolor. Pero, en definitiva, es el mismo Dios
que no perdonó a su propio Hijo la humillación y el dolor de la cruz. Al menos
es consistente. María lo llama "el Poderoso" que "ha hecho
grandes cosas en mí... ¡Santo es su nombre!" La misericordia de Dios es
eterna para aquellos que le temen" (Lucas 1:49-50).
Podemos pasar
por tiempos difíciles y dolorosos, pero nunca lo hacemos sin que Dios esté con
nosotros sosteniéndonos y teniendo misericordia de nosotros. Aquél que nació en
la pobreza, que sufrió rechazo, humillación y dolor y que colgó en la cruz,
está con nosotros cuando sufrimos y nos sostiene con sus propias manos marcadas
por los clavos. Él nunca nos dejará ir.
ORACIÓN. Señor Jesús, gracias por estar
conmigo, incluso en mis momentos más difíciles. Amén.
PREGUNTAS DE REFLEXIÓN:
* ¿Cómo es tu actitud hacia Dios cuando
pasas por una situación difícil?
* Si conoces a alguien que esté pasando
por un momento difícil, piensa cómo puedes ayudarle.
PARA EL CAMINO - (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)


