“Pero un samaritano, que iba de camino,
se acercó al hombre y, al verlo, se compadeció de él.” Lucas 10:33
Christopher
Walls, de 41 años de edad y de la ciudad de Johnson en el estado de Tennessee,
es un buen samaritano y empresario. Estos dos títulos no se ven juntos muy a
menudo.
Este buen
samaritano es mecánico, y son muchas las personas en su pueblo natal que pueden
confirmar que, cuando sus automóviles sufren un desperfecto inesperado, el
señor Walls muy gentilmente los ayuda de inmediato.
Por supuesto
que cobra, pero ellos están muy agradecidos que haya un mecánico cerca que esté
dispuesto a ayudarlos.
Ahora
permítanme explicarles su lado empresarial. Aparentemente, los negocios no
estaban yendo muy bien en el taller mecánico donde trabaja, por lo que el señor
Walls decidió hacer algo para mejorar la situación. Aprovechando sus
conocimientos mecánicos, Walls comenzó a dañar los autos que estaban
estacionados en los restaurantes de la zona. Cuando sus dueños salían del
restaurante y se encontraban con que sus automóviles no arrancaban, Walls se
ofrecía a repararlos por una módica suma de dinero.
El Departamento
de Policía arrestó a Walls bajo dos cargos de hurto. Tan sólo dos personas lo
acusaron, pero la policía está segura que la lista de víctimas se incrementará,
y se van a asegurar que el mundo sepa que, después de todo, él no es un buen
samaritano.
En contraste
con ese ejemplo, pensemos en Jesús, que fue el mejor samaritano de todos los
tiempos. Cuando estábamos perdidos, Jesús vino a nuestro mundo y arregló lo que
nuestras transgresiones habían dañado. Libremente, deseosamente,
unilateralmente, Jesús dio su vida para restablecer el puente entre la tierra y
el cielo que nuestros pecados habían derribado.
No hay dinero
suficiente para pagar por su sacrificio, y si quisiéramos pagarle, Él no lo
tomaría. Pero podemos darle las gracias a nuestro Salvador que se dio a sí
mismo para salvarnos.
ORACIÓN. Amado Señor, en el mundo hay muchos
impostores, charlatanes y mentirosos, y algunas veces no sé en quién confiar.
Te doy gracias por Jesús quien, sin que se lo pidiera y sin que le pagara, ha
hecho todo lo necesario para mi salvación. En su nombre. Amén.
PARA EL CAMINO - (DEVOCIONAL “ALIMENTO DIARIO”)
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