“Porque
¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre
que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu
de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu
que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual
también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las
que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre
natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son
locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1ª
Corintios 2:11-14
El ser humano depende exclusivamente de sus
cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) para obtener conocimiento
de todo lo que le rodea, y carece de la capacidad de discernir espiritualmente
las cosas de Dios. A esto se refiere el pasaje de hoy cuando dice que “el
hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios.” Por eso la
Palabra de Dios y sus demandas le parecen una locura y no la pueden entender.
La "fe" de los incrédulos se limita a lo que pueden percibir por
medio de sus sentidos, por eso tienden a dirigir su adoración a falsos dioses o
imágenes que pueden ver y tocar. Por el contrario, los que hemos recibido a
Jesucristo como nuestro Salvador personal tenemos el potencial de llegar a
discernir espiritualmente, lo cual nos enseña el Espíritu Santo quien reside en
nosotros.
Todo el mundo puede ver la violencia, las
guerras, los asesinatos, los divorcios, los jóvenes usando drogas, etc., pero
no todo el mundo es capaz de discernir la raíz de esos males. La Biblia dice
que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra
huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12). Es
decir, es en el mundo espiritual, invisible a la vista natural, donde se
desarrollan las cosas que dan lugar a los acontecimientos de nuestro mundo
natural.
2 Reyes capítulo 6 nos cuenta acerca de una
situación sumamente difícil en la que se encontraba el profeta Eliseo. El
ejército sirio con sus carros y gente a caballo tenía rodeada la ciudad donde
él estaba con el fin de apresarlo y no parecía que él tuviese escapatoria
alguna. Con mucho temor, su criado le dijo: "¡Ah, señor mío! ¿Qué
haremos?" (v. 15). Sin embargo, Eliseo pudo ver más allá de las
circunstancias y estaba tranquilo y confiado. Con sus ojos espirituales fue
capaz de ver lo que su criado no podía ver. Por eso le dijo: “No tengas miedo,
porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.” (v. 16).
Entonces le pidió a Dios que abriera los ojos del criado, y este pudo ver con
claridad los ejércitos celestiales entre ellos y los enemigos, y el miedo
desapareció y le llenó la seguridad de una victoria que antes no podía
concebir.
Muchas veces hemos visto en la televisión o
en el cine escenas de guerra que muestran a los soldados usando espejuelos
especiales que les permiten ver en la oscuridad de la noche. Sin duda es
realmente ventajoso para estos soldados tener la capacidad de ver los
movimientos del enemigo y conocer sus intenciones de manera que puedan tomar
las medidas necesarias para defenderse y contraatacar. Los cristianos podemos
ser capacitados por el poder del Espíritu Santo para detectar esas fuerzas
espirituales de maldad que habitan en las tinieblas y tenemos la autoridad de
reprenderlas en el nombre de Jesús. Sin embargo, muchos creyentes no
desarrollan ese poder y esa autoridad porque no permiten la libre acción del
Espíritu Santo en sus vidas.
Es necesario incrementar nuestro
discernimiento espiritual por medio de una relación personal e íntima con
Jesucristo como la que tenía el Señor con sus discípulos, a los cuales dio
poder y autoridad “para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Marcos
3:15). En la actualidad nosotros podemos desarrollar esa relación por medio de
una vida de oración en la que pasemos tiempo a solas con el Señor diariamente,
y leamos su palabra y meditemos en ella.
ORACIÓN. Padre
celestial, gracias por la autoridad que me has dado en Cristo Jesús y por el
poder de tu Espíritu Santo. Te ruego me ayudes a desarrollar mi visión
espiritual para poder discernir las cosas que no puedo ver con mis ojos
naturales. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ - (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE HABLA”)


